El hombre necesita ser despertado de su estado de sueño y muerte por un poder soberano y eficaz. No basta un ligero tirón, un suave jalón del manto o un pequeño tire del brazo para sacarlo de sus pecados. Tiene que ser arrancado de ellos como quien es sacado de la cama cuando la casa arde, o sacado del río cuando se hunde por última vez. No pensemos jamás que la obra de la gracia sobre el corazón sea algo leve o superficial. En verdad se requiere una obra poderosa de la gracia en el corazón del pecador para librarlo de sus propias destrucciones. Por eso hallamos siempre que la obra de la gracia comienza con una vista y un sentido espirituales de nuestra condición arruinada delante de Dios.
Pero esto por sí solo no basta para hacernos verdaderos discípulos de Jesús. Es una preparación, una preparación necesarísima para contemplar al Rey en su hermosura, pero no es lo mismo que ver y creer en el Hijo de Dios para vida eterna. Necesitamos algo que va mucho más allá de cualquier convicción de pecado o cualquier sentido de nuestra condición perdida. Necesitamos, por fe, una visión del bendito Señor, manifestada más o menos a nuestras almas por aquel Espíritu Santo cuyo oficio es tomar de las cosas de Cristo y revelarlas al corazón, de modo que veamos su idoneidad, su gracia, su gloria, su obra, su sangre y su obediencia; y que veamos estas realidades divinas y benditas con el ojo de la fe, conociendo y sintiendo que se adaptan exactamente a nuestro caso y estado, que son precisamente lo que requerimos para ser salvos de la ira venidera, y que en la medida en que tengamos un interés salvador en ellas, somos salvados de las corrientes de destrucción.
Por tanto, las siguientes cosas son indispensablemente necesarias para el verdadero discipulado: primero, un sentido espiritual de nuestra condición perdida y arruinada; luego, un conocimiento de Cristo por una manifestación graciosa de su idoneidad, hermosura y bendición; y tercero, una fe en él que obra por amor y purifica el corazón, que vence al mundo y nos libra de la muerte y del infierno.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: March 5
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.