Palabras diarias para los peregrinos de Sion

Atados al altar por cuerdas de amor

El alma quebrantada está atada con cuerdas al altar; no puede romper los lazos del amor eterno, y en su sano juicio desea sólo acercarse más a Cristo.

¿Eres un hijo pobre y quebrantado de corazón del Dios vivo? ¿Hay alguna medida del Espíritu de Cristo en ti? ¿Hay algún leve parecido de su mansedumbre y de su santa imagen estampado en ti? Entonces te sientes atado con cuerdas a los cuernos del altar. Sientes los fuertes lazos de la necesidad, y sientes los fuertes lazos del afecto que te atan allí. Pero con esto, sientes también que eres una víctima que se resiste; que de buena gana escaparías de los problemas y las pruebas que estar atado a los cuernos del altar trae sobre ti; de buena gana entrarías en un camino más fácil si pudieras; o, si te atrevieras, gustosamente erigirías algún altar tú mismo, hecho según el modelo de Damasco (2 Reyes 16:10); y gustosamente, como el católico romano, adorarías con tu cuerpo una cruz material, en vez de adorar en tu alma al adorable Dios-hombre que allí colgó y sangró. Gustosamente, si pudieras, saldrías de un camino de aborrecimiento propio, ejercitado, probado, acosado y tentado, para entrar en el prado florido de la doctrina y la especulación, y allí andar a tus anchas sin un solo dolor en tu conciencia, ni una sola prueba en tu alma.

Pero el Señor ha dicho: «Ata la víctima con cuerdas, hasta los cuernos del altar.» Estás atado a los cuernos del altar. De esos cuernos no puedes escapar. Puedes irritarte, frustrarte y rebelarte contra todas o cualquiera de estas cuerdas, pero no puedes romperlas. Sí, puedes, en tus forcejeos, estirar estas cuerdas hasta su máxima extensión; pero están demasiado firmemente ceñidas alrededor de tu tierna conciencia, y demasiado fuertemente entrelazadas alrededor de tu corazón quebrantado, para que tú las rompas. Preferirían cortar tu corazón en dos, antes de que tú pudieras romperlas, o escapar de ellas. Y en tu sano juicio, no querrías estar de otra manera que atado con cuerdas a los cuernos del altar. En tu sano juicio, quieres que las cuerdas se aprieten, y así ser acercado más y más a él; y que la sangre que allí fue derramada sea rociada sobre tu conciencia. En tu sano juicio, quieres ver con el ojo de la fe a la Víctima que una vez yació sangrando y retorciéndose allí; y al mirarle, beber de su imagen, y sentir el poder que derrite y la eficaz suavidad de aquella vista.

Pero, entonces, conexo con ello, hay tales pruebas, tales tentaciones y tales sacrificios, que tú, en tus accesos de rebelión o de complacencia carnal, a veces tan gustosamente te alejarías, como en otras veces gustosamente te acercarías. ¡Viles miserables que somos, que a menudo preferiríamos servir a la carne y al mundo, y jugar nuestro destino, como dicen los hombres, por la eternidad, antes que sufrir pruebas y tentaciones como seguidores de Cristo! Pero es nuestra misericordia que ni podemos hacer ni deshacer, ni atar ni desatar, una sola cuerda del amor eterno, sino que, a pesar de la criatura, Dios «cumplirá todo el buen propósito de su bondad, y la obra de fe con poder».

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: March 4

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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