Flores de un jardín puritano

El precio de nuestra redención: la sangre preciosa de Cristo

Solo Cristo, el Hijo de Dios, pudo ofrecer un sacrificio suficiente para rescatar a los pecadores, pues ni el oro ni la plata se comparan con el valor de su sangre preciosa.

La pena debe ser proporcional a la magnitud del crimen. Una deuda de mil dólares no se paga con dos o tres centavos. Las criaturas son finitas, y sus actos de obediencia ya son debidos a Dios.

Jesús solo, como Hijo de Dios, pudo presentar una sustitución suficiente para atender el caso de hombres condenados por sus iniquidades. La majestad de su naturaleza, su libertad de toda obligación personal con la ley, y la intensidad de sus sufrimientos y su muerte, todo ello da a su expiación una virtud que en ninguna otra parte puede hallarse. Ninguno de los hijos de los hombres "puede de ningún modo redimir a su hermano, ni dar a Dios rescate por él". Jesús solo podía ocupar el lugar de nuestra alma y pagar el terrible precio.

¡Qué pecadores somos! ¡Qué sacrificio ha sido presentado por nosotros! No fueron baratijas de cobre nuestro precio. No; el oro y la plata son llamados "cosas corruptibles" cuando se comparan con la sangre preciosa que ha pagado nuestro rescate!

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: What a sacrifice has been presented for us!

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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