"Tu pueblo se ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, vestido con la hermosura de la santidad; desde el seno de la aurora, tienes el rocío de tu juventud."
"En aquel día de batalla, tu pueblo te servirá de buena gana. Vestidos con santas vestiduras, tu vigor se renovará cada día como el rocío de la mañana" (NLT).
"El día de tu poder" se refiere al momento en que los ejércitos del rey se ordenan para la batalla. Parece ser una imagen de la iglesia de Cristo, una gran compañía de redimidos, con el Maestro al frente. La segunda parte del versículo presenta a estos soldados-sacerdotes como jóvenes, en la flor de la virilidad temprana, teniendo el rocío de la juventud. El pensamiento no es que todos los cristianos sean jóvenes, pues todas las edades se hallan entre los seguidores de Cristo, sino que todos los cristianos poseen el don de una juventud viva, la vida inmortal. Veamos algunas de las características de los jóvenes guerreros de Cristo tal como aparecen en esta visión.
Lo primero es que están en el ejército de Cristo voluntariamente. "Tu pueblo se ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder." Se han alistado por propia voluntad. En los días de Débora se dice que el pueblo "se ofreció voluntariamente." No fueron obligados a entrar en el ejército. Pertenecemos a Cristo porque Él es nuestro legítimo Rey, porque nos redimió. Entonces debemos hacernos suyos por una consagración personal. Debemos entregarnos a Él de buena gana. El servicio que le demos ha de ser gozoso y espontáneo.
Lo segundo que debemos notar es el vestido de estos soldados-sacerdotes. Están revestidos "con la hermosura de la santidad", es decir, con atuendo santo. Sus vestiduras son limpias y blancas. Quienes siguen a Cristo deben vestirse con las hermosuras de la santidad.
Lo tercero es el símbolo del rocío. "Tienes el rocío de tu juventud." Es algo glorioso ser joven. La juventud es fuerte. Sus energías no se han agotado. Su ojo no está apagado. Sus venas están llenas de una vida rica y sana. No está marcada por las batallas. No está debilitada ni quebrantada por las derrotas. Su fuerza está intacta.
La juventud es pura, no sin pecado, pero relativamente sin mancha. Su inocencia está incontaminada. Sus manos no se han ennegrecido con hechos malos. Sus vestidos no se han ensuciado. El cielo aún rodea la vida pura del joven.
La juventud está llena de esperanza. No tiene pasado, pero ante ella se extiende una perspectiva luminosa con visiones radiantes: cosas por alcanzar, logros por realizar, victorias por ganar. Llamad las esperanzas de la juventud ensueños, castillos en el aire o tejidos de fantasía, si queréis; con todo, son realidades para el corazón del joven. Son los movimientos de la inmortalidad. Bienaventurado el corazón juvenil lleno de estas esperanzas.
La juventud tiene grandes posibilidades. ¿Te sientas alguna vez a pensar seriamente en tu vida, en lo que es, en los poderes maravillosos que duermen en tu mente, en tu corazón, en tu mano, en lo que puedes hacer de tu vida aun aquí, y en lo que puedes llegar a ser en los años sin fin de tu vida venidera?
La vida joven cristiana, la vida entregada a Cristo, tocada por su mano y apartada para Él: ¡quién podría pintar su gloria, su poder, sus posibilidades! La iglesia es una compañía de jóvenes. En cierto sentido, todos los cristianos son jóvenes. La vida inmortal en ellos nunca envejece. El envejecimiento del cuerpo es solo temporal; la vida real interior es siempre joven.
En el Salmo, la vasta compañía de los jóvenes seguidores de Cristo es comparada al ROCÍO. La figura es sugerente.
El rocío es hermoso. Cuando estás en el campo en verano, puedes contemplar una escena gloriosa cada mañana. En el campo, el prado y el jardín, cada hoja, cada brizna de hierba, cada flor está cubierta de gotas de rocío. Hay millones de ellas, cada una tan brillante como un diamante. Resplandecen como diamantes entre las cosas opacas de la tierra. Todo joven cristiano debe a su Maestro vestir las hermosuras de la santidad.
El rocío es puro. Nunca está manchado como el agua que se acumula en las cunetas y los charcos del camino. No está lleno de tierra y otras partículas, como el agua que corre por los arroyos y las corrientes. El rocío se destila del aire y es perfectamente puro. Los cristianos deben ser puros y santos en sus vidas. En este mundo nadie es perfectamente puro. Nunca hubo más que una vida sin mancha ni rastro de pecado. Sin embargo, las gotas de rocío cristalino que brillan en la hoja o en la brizna de hierba, o escondidas en el seno de una rosa, son figuras de lo que cada cristiano debe esforzarse por ser. La "religión pura y sin mancha delante de Dios" es lo que la Biblia presenta como nuestro ideal. Mantenernos "sin mancha del mundo" se establece como el ideal de toda vida cristiana. "Bienaventurados los de limpio corazón" es la bienaventuranza del Maestro para la pureza. El hombre de limpio corazón verá a Dios.
Hay una leyenda que dice que en el cielo, al anochecer, una gran campana de maravillosa dulzura se balancea suavemente, tañida por manos de ángeles, y que un hombre puede escuchar y oír en la tierra la música maravillosa si aparta de la cámara interior de su corazón toda pasión, dolor y lucha, y todas las angustias y los cansados anhelos de su alma, si expulsa todo odio, amargura y envidia, y todo pensamiento malo y sentimiento impuro, esta música admirable podrá ser oída por él. Es solo una leyenda, pero encierra una verdad. Los de limpio corazón verán a Dios; si mantenemos nuestra vida interior libre de pensamientos y deseos impuros, en verdad oiremos la música de las campanas vespertinas del cielo.
Un escritor relata que bajó con un grupo a una mina de carbón. En el lateral del pasadizo crecía una planta perfectamente blanca. Allí, en medio del polvo negro que volaba, permanecía sin mancha y limpia, blanca como la nieve. Un minero que acompañaba al grupo tomó un puñado del polvo negro y lo arrojó sobre la planta, pero ni una partícula se adhirió. En los pliegues blancos de la planta había un esmalte maravilloso al que nada contaminante se adhería.
Así debería ser la vida de todo cristiano en este mundo malvado: sin mancha y santa. ¿Preguntas: "¿Cómo es esto posible?" Dios puede guardarte. Si Dios puede hacer una pequeña planta de modo que ningún polvo manche su blancura, ¿no podrá por su gracia envolver tu vida en las hermosuras de la santidad, de modo que ninguna contaminación del pecado pueda ensuciar tu pureza? Si puede conservar una flor sin mancha entre nubes de polvo de carbón flotante, ¿no podrá guardar tu corazón con semejante pureza en un mundo pecador?
Las gotas de rocío son espejos maravillosos. En su claridad de cristal puedes ver reflejado todo el cielo azul que se arquea sobre ti. Toda vida cristiana debería mostrar a cuantos la miren un reflejo de la gloria de Cristo. El mundo no puede ver a Cristo en sus revelaciones espirituales; es vuestra misión, como cristianos, mostrar a Cristo reflejado en vuestra propia vida. La imagen será imperfecta y fragmentaria, pero los rasgos deben estar allí en una belleza inequívoca.
La esposa de Sir Bartle Frere fue a recibir a su esposo a la estación del ferrocarril, al regresar él de una larga ausencia. Llevaba consigo a un nuevo sirviente que nunca había visto a su amo. "Ve y busca a Sir Bartle", le ordenó la señora. "¿Pero cómo lo reconoceré?", preguntó el sirviente.
"Oh", respondió Lady Frere, "busca a un caballero alto que esté ayudando a alguien." El sirviente encontró a un hombre alto que ayudaba a una anciana a bajar del vagón, y por la descripción lo reconoció al instante. Una marca de la semejanza con Cristo es el amor que ministra, siempre ayudando a alguien. Haya en vosotros este sentir.
El rocío es refrescante. Esto es especialmente cierto en los países orientales. Allí rara vez llueve, pero los rocíos son abundantes, y las gotas de cristal se deslizan hasta el seno de las flores y las raíces de las briznas de hierba, y toda la hermosura del campo, el bosque y el jardín revive. Las plantas marchas se refrescan de nuevo, y las flores que se marchitaban recobran su lozanía.
Aquí, de nuevo, el rocío es una hermosa figura de las vidas cristianas que visten las hermosuras de la santidad. Llevan aliento, gozo y luminosidad adondequiera que van. Llevan a sus propios hogares, cuando se reúnen al cierre del día, una vida callada pero persuasiva e irresistible que toca a todos con una nueva alegría. El hogar en que hay una o más personas cristianas y felices encierra en sí mismo un secreto dichoso de gozo y bendición. La influencia de sus vidas está llena de poder para el bien.
Los cristianos no saben cuánto pueden hacer para iluminar el mundo, con solo ser amables y hermosos, con amor, quietud y paz en el corazón, con mansedumbre, bondad y disposición a ayudar en toda su vida. Es algo grande tener una influencia refrescante sobre las vidas que uno toca. Muchas personas están desanimadas, cansadas o abrumadas en los caminos de la vida, o les resulta difícil soportar sus cargas; es algo grande para ti ser consuelo y fortaleza para tales vidas. Procura ser lleno de Dios y luego sal a ser portador de gozo, inspirador de esperanza y portador de consuelo dondequiera que vayas.
En la manera en que el ROCÍO trae sus bendiciones hay también una sugerencia del modo en que los cristianos deben procurar hacer el bien. El ROCÍO viene de noche, mientras la gente duerme. Llega sin ruido. ningún oído lo oye caer. Se desliza silenciosamente y realiza su hermosa obra de refresco; luego, en el momento en que llega la luz del día y el resplandor del sol toca la tierra, desaparece. Se pierde también al hacer el bien, pues se hunde en el corazón de la rosa, entre las raíces de las hierbas. No escribe ningún registro. No pregona su nombre en ninguna parte para asegurarse el reconocimiento y la alabanza. Nada muestra que ha estado trabajando, excepto la vida nueva en toda la naturaleza.
Todo esto sugiere la manera en que debemos realizar nuestra obra para Cristo. Ninguna gracia resplandece con más brillo en una vida cristiana que la humildad. Como el rocío, procura hacer tu obra cristiana en silencio. No intentes llamar la atención sobre ti. No toques trompeta en las calles cuando vayas a hacer alguna obra para tu Maestro. No dejes que tu mano derecha sepa lo que hace tu izquierda. Deja que tu influencia se derrame como el perfume de una flor, como la luz de una estrella. Escóndete del resplandor del mundo. No trates de estampar tu nombre en cada obra que realizas. Ni siquiera pienses en la alabanza de los hombres: Dios lo sabe. Trabaja para los ojos de Cristo, no para los del hombre. Derrama tu amor más rico, tu servicio más costoso, tus dones más preciados, para bendecir a quienes necesitan bendición, y deja que todo se pierda en las vidas que procuras ayudar, sin desear ningún reconocimiento ni recompensa personal, sino solo que tu ministerio haga el bien. Sé como una gota de rocío, que encuentra una rosa marchita y se hunde en sus pliegues y se pierde, ¡pero revive la flor desfalleciente! Conténtate con hacer el bien y bendecir la vida que necesita tu bendición.
Ni una sola gota de rocío que se hunde en una flor se pierde. Ni una palabra ni una influencia santa se esconde en vano en ningún corazón. Vive, habla, trabaja y sé para Dios, y bendice al mundo sin preocuparte por la recompensa.
Otra manera en que el rocío es figura de la verdadera vida cristiana está en su origen. Viene del cielo. No nace de los manantiales de la tierra, sino del "seno de la aurora", de los cielos luminosos y claros. Así la vida cristiana no es de la tierra. No es meramente natural. No es algo que se aprende en las escuelas. Un cristiano es alguien nacido de Dios, nacido del Espíritu, nacido de lo alto. La vida espiritual que tienes en tu corazón bajó de los cielos de parte de Cristo. Dios dice: "Seré a Israel como el rocío." La gracia es simplemente el Espíritu de Dios que desciende y toca nuestras vidas, entrando en ellas como el rocío entra en las hierbas y las flores.
Es un pensamiento hermoso que Dios mismo, y no una mera bendición de Dios, sea el rocío que enriquece nuestras vidas y se convierte en hermosura y luminosidad en nosotros. Solo tenemos que abrir el corazón para recibir la gracia divina. El rocío reposa sobre las flores, no en el calor del mediodía, sino cuando, en la oscuridad y el silencio, se aquietan y se refrescan. No es en la lucha y el afán inquieto donde obtenemos la bendición del renuevo de Dios, sino en la quietud y la frescura de la humildad y la paz.
Solo puedes ser rocío para otros en la medida en que Dios sea rocío para ti. Solo puedes dar lo que has recibido. Debes vivir cerca del corazón de Cristo si quieres ser una bendición en este mundo. Debes mantener tu corazón abierto para recibir en él la vida de Dios que fluye siempre a tu alrededor. Si solo te mantienes así lleno del Espíritu Santo, estarás capacitado para ser una bendición a toda vida que toques.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: The Dew of Your Youth
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.