¡Cuán espiritual y solemne es el ejercicio de conversar con nuestro propio corazón! Las naciones paganas lo enunciaron como principio esencial: «Hombre, conócete a ti mismo»; pero con cuánta mayor fuerza el Evangelio impone el importante deber de la comunión con uno mismo. Permíteme ofrecer algunas sugerencias sobre la manera de emprender esta gran obra.
Debe haber una búsqueda ferviente de la gracia del Espíritu en este deber espiritual; y si así lo buscas, el Espíritu Santo te será dado para ayudarte. Él te ayudará, guiará y enseñará, y entonces resultará un ejercicio delicioso. Busca la influencia de este Espíritu prometido, Espíritu de luz, de amor, de Jesús, tan pronto para socorrerte, y recogerás los más benditos frutos. «Conversa con tu propio corazón» en comunión con el corazón de Dios. Mantén esta comunión en el «trono de la gracia», en oración ferviente. Siente que Dios te ama, y que aunque tu amor se haya enfriado, el suyo permanece inalterable; que no hay un solo pensamiento en el corazón de Dios que sea contra ti. «Conversa con tu propio corazón» con el ojo de la fe fijo constantemente en la cruz. No hallarás nada en el corazón sangrante de Jesús sino amor; y aunque te sientas cargado por el sentido de culpa, mira a Cristo y funda toda tu esperanza en su obra consumada.
Las bendiciones que resultarán de esta comunión son muchas y grandes. Tal proceso de autoexamen te mantendrá al tanto del estado exacto de tu propia alma; sabrás cómo están las cosas entre Dios y tu conciencia. La criatura no podrá entonces invadir el afecto que se debe a Dios sin que lo adviertas; el mundo no hará avances sin que te des cuenta. Apártate, pues, del círculo familiar, del tumulto del mundo, busca tu aposento, no dejes que nadie intruya, y allí «conversa con tu corazón»; no con el corazón de tu hermano ni de tu hermana, sino con el tuyo propio, porque esto es personal. Deja que se oiga la voz de la conciencia: yo debo morir solo, comparecer solo ante el tribunal, ser escudriñado solo. Otra bendición será el gran adelanto en santidad personal. Es imposible que un hijo de Dios converse así consigo mismo y no «crezca en la gracia». Esta comunión encariñará a Jesús con tu alma: no podrás conocer más tu propio corazón sin conocer más el suyo. Más precioso te será aquel que ha dicho: «Mi sangre perdonó todo tu pecado, mi justicia te envuelve, y yo te presentaré sin mancha delante de mi Padre».
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - February 23
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.