Cuando el Señor dijo «Sea la luz», al instante fue la luz. Así, cuando el Señor dice «ábrase el corazón», el corazón se abre en seguida, la conciencia se hace tierna y el alma oye y recibe lo que Dios habla. ¿Y qué sigue a esa apertura? El corazón recibe los rocíos y lluvias de la gracia de Dios que caen en él, y estos le comunican blandura, fertilidad y fecundidad. ¡Oh, cuánto tenemos que aprender esto por dolorosa experiencia! ¿No está a veces nuestro corazón duro como la piedra de molino, y nuestros sentimientos sin luz, vida ni poder, sin un grano de quebranto, contrición, deseo espiritual o anhelo ferviente del Señor? Esta experiencia dolorosa el pueblo del Señor ha de pasarla continuamente, para que sepa que «en ellos, esto es, en su carne, no mora el bien», y que «el poder pertenece a Dios».
¿Pudiera yo ablandar mi propio corazón, necesitaría que el Señor lo hiciera por mí? ¿Pudiera yo dar fertilidad a mi alma, anhelaría alguna vez los rocíos del Espíritu? ¿Pudiera yo traer perdón y paz a mi conciencia, necesitaría que el Señor hablase con poder? Si yo pudiera creer, esperar, gozarme y tener a mi mandato todo sentimiento grato y bendito, no habría qué suplicar las promesas del Señor, ni qué luchar en oración importuna, ni qué tomar el reino de Dios por violencia, ni qué anhelar y jadeante esperar que el Señor se manifieste en nuestras almas. Por eso el Señor ve conveniente que andemos por estos caminos, para que sepamos que «no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia».
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: November 22
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.