La vida de Cristo para cada día

El Señor rechaza a quien solo tiene apariencia de piedad

Jesús se revela como juez y declara que sólo entrarán al cielo quienes hacen la volunt del Padre, llamándonos a buscar un corazón nuevo antes que conformarnos con la mera forma de religión.

En este pasaje, Jesús dio una solemne advertencia a sus propios discípulos, a quienes profesaban creer en él y le llamaban «¡Señor, Señor!». Al comenzar este sermón, había declarado que si su justicia no excedía a la de los escribas y fariseos, no podrían salvarse. Había mostrado que la justicia de los fariseos era un mero formulario externo de religión, y advirtió a sus seguidores que no se satisficieran con una mera forma también. Declaró que muchos se perderían por este triste error: «Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre?», y yo les manifestaré: «Nunca os conocí». En estas palabras Jesús se reveló como juez de los hombres, aun como el Hijo de Dios.

Escuchemos ahora lo que dice nuestro Juez. Declara que nadie entrará al cielo sino quienes hacen la voluntad de su Padre. ¿Esto nos hace temblar? Ciertamente debemos sentir, si nos conocemos a nosotros mismos, que a menudo pecamos. Pero «hacer la voluntad del Padre» no significa no ser jamás sorprendido por alguna falta; pues Cristo declaró al Padre en su última oración por los discípulos antes de su crucifixión (Jn. 17) que habían guardado su palabra, aun sabiendo que a menudo habían caído en pecado, como al disputar quién sería el mayor, desear vengarse de las injurias y despedir a los suplicantes pobres.

¿Qué es, pues, hacer la voluntad Dios? Es buscar sinceramente agradarle por AMOR a su nombre. Sólo lo hacen quienes han recibido el Espíritu de Dios, quienes han nacido de nuevo. Jesús no explicó este asunto a fondo en este sermón, pero dijo lo suficiente para mostrarnos que debemos buscar la gracia de Dios para ser salvos. ¿No dijo: «Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia», y también: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá»? Si queremos hacer la voluntad de Dios, debemos buscar corazones nuevos. Hay un pasaje en las epístolas que muestra con claridad que nada menos que el poder de Dios obrando en nuestros corazones puede capacitarnos para realizar obra alguna aceptable delante de él (He. 13:20-21): el Dios de paz, que resucitó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, el gran Pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, nos haga aptos en toda buena obra para hacer su voluntad, obrando en nosotros lo que es agradable delante de él. ¿Temed la idea de hallar un rechazo en el último día? Este es el tiempo de examinar si hemos nacido de nuevo, si la sangre de Cristo ha lavado nuestros pecados, si el Espíritu ha sido derramado en nuestros corazones y si estamos haciendo la voluntad de Dios. Es posible salir de este mundo imaginando que vamos al cielo, y al fin ser decepcionados. Jesús nos quiere salvar de esta agonizante negativa: nos advierte de antemano no conformarnos con una mera forma de religión, sino buscar un corazón nuevo y un espíritu recto.

Fuente y atribución

Autor original: F. L. Mortimer

Título original: He predicts the rejection of the false professor

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.

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