La gente se agolpaba contra Jesús, y muchas personas lo tocaban; pero hubo un toque diferente a los demás. Había en él un clamor del corazón, una súplica, una peticionosa importunidad. Fue un toque de fe, inspirado por un profundo sentido de necesidad. No fue un toque accidental, un mero roce por la cercanía; fue intencional.
Este incidente ilustra lo que ocurre sin cesar en torno a Cristo. No podemos movernos sin rozarnos con él. A veces, en nuestra distracción, lo empujamos con rudeza. Pero cuando entre todos los millones de la tierra, una persona tiende intencionalmente la mano para tantear a Cristo, para tocarlo con un propósito, para buscar alguna bendición, para implorar alguna ayuda, Jesús conoce al instante la presión de ese toque y se vuelve para responderlo. Él sabe cuándo algún corazón lo anhela, no importa cuán oscura sea la persona, cuán pobre o cuán escondida en la multitud. Aquel día la bendición no llegó a ninguno en esa muchedumbre, que sepamos, salvo a aquella pobre mujer enferma que tocó el manto de Cristo. Llegó a ella porque llevaba una carga en el corazón y buscó la ayuda de Cristo.
Así, en toda reunión hay quienes están cerca y, sin embargo, no reciben bendición, porque no hay fe en su tocar. Y hay otros que no están más cerca, pero que extienden sus manos con fe, tocan el manto de Cristo y se van ayudados y consolados.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Miller's Year Book - September 15
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.