Los bienaventurados de la Biblia no son aquellos a quienes este mundo considera felices. En la opinión de los mundanos, en efecto, aquellos a quienes Cristo llama bienaventurados llevan una vida triste. Él dice que los mansos son bienaventurados, los pobres de espíritu, los limpios de corazón, los pacificadores, los que lloran y los que padecen persecución por causa de la justicia. Sería difícil convencer al hombre de este mundo de que estos son los verdaderamente bienaventurados. Pero así es como aparece ante los ojos que miran desde el cielo, y ese es el patrón de vida por el cual seremos medidos en el juicio divino.
Es alentador oír al mismo Jesús pronunciar bienaventuranzas para los hombres. Él sabía quiénes son realmente los bienaventurados. Conocía la diferencia entre los ideales terrenales de felicidad y los ideales celestiales. Podemos confiar con seguridad en sus estimaciones y saber que son correctas. Sabemos también que él vino a este mundo para hacer posible la bienaventuranza de los hombres perdidos en el pecado. En la cruz murió para hacer felices a los hombres. Es grato recordar, además, que la última mirada que este mundo tuvo de Jesús lo encontró en actitud de bendecir a los suyos. Tenía las manos extendidas sobre sus discípulos cuando comenzó a ascender. Desde aquel momento, las bendiciones han estado cayendo como lluvia de aquellas manos perforadas sobre una tierra que sufre. Quienes no reciben bendición cierran su corazón contra ellas.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Miller's Year Book - September 16
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.