«Aun estando con vosotros, os dimos esta regla: ¡El que no trabaja, tampoco coma! Y sin embargo oímos que algunos de vosotros viven vidas ociosas, se niegan a trabajar y pierden el tiempo entrometiéndose en los asuntos ajenos. En el nombre del Señor Jesucristo apelamos a tales personas, no, les mandamos: ¡Establézcanse tranquilos y pónganse a trabajar! ¡Gánense su propio sustento!» 2 Tesalonicenses 3:10-12
Los pobres deben distinguirse por su laboriosidad, y no comer el pan de la ociosidad. Los pobres no tienen, por tanto, derecho a esperar que, en virtud de su asociación con una iglesia cristiana, queden de algún modo liberados de la obligación de la más infatigable laboriosidad. No deben ser sostenidos en la ociosidad, ni deben esperar ninguna asignación económica mientras sean capaces de proveer para sí mismos y para su familia.
La religión de Jesucristo nunca tuvo por fin establecer un sistema de pauperismo religioso.
Es de temer que muchos han entrado en la comunión cristiana con el propósito de obtener sus fondos. Este es un caso terrible dondequiera que ocurra, y debería hacer temblar a todos los miembros pobres de nuestras iglesias ante la más remota aproximación a semejante pecado.
Las únicas ocasiones en que los cristianos deben sentir que tienen derecho sobre los fondos de la iglesia son cuando la enfermedad o la vejez los han incapacitado para el trabajo, o cuando el fruto de su labor es demasiado escaso para procurar las necesidades de la vida.
Fuente y atribución
Autor original: John Angell James
Título original: A system of religious pauperism?
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John Angell James, publicado originalmente en Grace Gems.