Detengámonos en adoración ante aquel que la Escritura llama el "gran misterio de la piedad". Los ángeles mismos son convocados a adorarlo, porque en la encarnación del Hijo se unveiling la gloria de Dios como nunca antes. En cuantas maravillas Dios había adornado el universo, no había símbolo ni tipo de esta: todas las demás maravillas dejan de asombrar y toda belleza se desvanece ante el Verbo hecho carne. Como si sondara la profundidad de la eternidad y reuniera sus tesoros ocultos, Dios los concentró y los exhibió todos en la persona de su Hijo encarnado, "Dios manifestado en carne".
En ello consistía la idoneidad de Immanuel como cabeza del pacto de gracia para su iglesia. El tesoro divino, ya no confiado a la custodia de una criatura débil y dependiente, fue depositado en manos de la Deidad encarnada, el "igual" del Padre, aquel a quien Él conocía y fortalecía. Así quedó asegurado a la iglesia como provisión eterna e inagotable. Su humanidad, tan perfecta, sin pecado y santificada por el Espíritu, lo hizo "hermoso más que los hijos de los hombres"; pero su mayor hermosura fue la gracia que habitaba en Él. El mundo no le confirió dignidad alguna, sino su desprecio más amargo: prefirió la pobreza a la riqueza, el oprobio al aplauso, la cruz a un trono. "Jesús tuvo hambre; Jesús dijo: Sed tengo; Jesús lloró". Así bajó el Dios encarnado.
En medio de tanta pobreza y humillación, Dios pareció decir: "Haré a mi Hijo más glorioso que los ángeles y más hermoso que los hijos de los hombres". Cuando el evangelista lo contempló, exclamó maravillado: "Vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad". Cada palabra y obra suya revelaban la plenitud de gracia que moraba en Él: sus labios destilaban palabras graciables, sus milagros eran obras de gracia, y la sangre que derramó, la redención que consumó y la salvación que proclamó son los desbordamientos y triunfos de esa misma gracia.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - November 8
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.