Palabras diarias para los peregrinos de Sion

El verdadero tesoro del justo

La fe estima las riquezas, el honor y el consuelo de modo muy distinto al mundo: el verdadero tesoro es la gracia de Dios en el corazón, no el oro que perece.

¡Cuán diferente es la estima que la fe hace de las riquezas, los honores y los consuelos de la que hacen el mundo y la carne! El mundo no tiene idea de riqueza sino la que consiste en oro y plata, en casas, tierras u otra propiedad tangible; no piensa en honor sino el que el hombre puede conferir; y no tiene noción de consuelo, excepto en «satisfacer los deseos de la carne y de la mente.» Pero el alma ungida con una «unción del Santo» hace una estimación diferente de estas cosas, y siente que las únicas riquezas verdaderas son las de la gracia de Dios en el corazón, que el único honor real es el que proviene de Dios, y que el único consuelo sólido es el que el Espíritu Santo imparte a un espíritu quebrantado y contrito. Ahora bien, en proporción a cuanto tengamos del Espíritu de Dios, así haremos la estima de la fe sobre las riquezas, el honor y el consuelo; y en cuanto estemos imbuidos del espíritu del mundo, así haremos la estima del mundo sobre estas cosas.

Cuando el ojo del mundo miraba a los apóstoles, los veía como una compañía de hombres pobres e ignorantes, un grupo de entusiastas alocados que viajaban por el país predicando acerca de un tal Jesús, quien, decían, había sido crucificado y resucitado de entre los muertos. El ojo natural no vio belleza, ni poder, ni gloria en las verdades que ellos presentaban; ni vio que los pobres tabernáculos perecederos de aquellos hombres desterrados encerraban en sí un tesoro celestial, y que un día brillarían como las estrellas para siempre jamás, mientras que quienes despreciaban su palabra se hundirían en eterno desconsuelo. El espíritu del mundo y las opiniones de la carne no se han alterado ahora. La naturaleza permanece siempre la misma, y jamás puede entender ni amar las cosas de la eternidad; solo puede mirar a las cosas perecederas del tiempo y de los sentidos, y solo en ellas puede descansar.

Por esta prueba, pues, podemos en cierta medida examinar nuestro estado. ¿Cuáles son, por ejemplo, nuestros sentimientos diarios y de cada hora acerca de las cosas del tiempo y de los sentidos, y cuáles acerca de las cosas de la eternidad? ¿Cuáles de las dos pesan con más fuerza en nuestra mente, cuáles ocupan más de nuestros pensamientos, cuáles están guardadas con más calor en nuestros afectos? Y en proporción a cuanto las cosas solemnes de la eternidad, o las cosas del tiempo y de los sentidos, ocupan nuestra mente; en cuanto nuestros corazones están fijos en el cielo o en la tierra; en cuanto vivimos para Dios o para nosotros mismos, en esa misma medida es la fuerza de nuestra fe y la profundidad de la obra de gracia sobre nuestra conciencia.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: April 3

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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