¡Cuán admirable que aquel que, como Hijo de Dios, hizo a los ángeles, haya sido hecho inferior a ellos, y aun haya necesitado y recibido su ayuda y sostén ministerial! ¡Oh, las profundidades de humillación a las que se inclinó el bendito Redentor, llevando hasta su punto más bajo aquella humanidad pura, inmaculada y santa que había asumido en unión con su Persona divina como Hijo de Dios! Y tengamos siempre cuidadosamente presente que la humillación no es degradación. Nuestro bendito Señor «se humilló» por un acto voluntario de gracia sobreeminente; y no estuvo más en el poder de los hombres ni de las circunstancias despojarle de su gloria, que de los testigos falsos despojarle de su inocencia. La pureza inmaculada de su sagrada humanidad, en su unión con su naturaleza divina y llena y sostenida por el Espíritu Santo, la preservó de la degradación en su más profunda humillación. La corona de espinas y la púrpura, la rodilla burlona del soldado romano y el escarnio hiriente del sacerdote judío, aunque despertaron la gracia, no empañaron la gloria de nuestro Señor sufriente. Su santa obediencia a la voluntad de su Padre al beber el cáliz amargo, su mansa dignidad en medio de los peores insultos, y su serena resignación a todo el peso de sufrimiento que Dios o el hombre pusieron sobre él, todo resplandeció con mayor brillo bajo cada intento de deshonrarle.
Es dulcísimo y bendito mirar hacia abajo, por así decirlo, a algunas de aquellas profundidades de humillación en las que el Redentor se hundió, y ver que en lo más hondo de la fatiga de su alma, cuando fue derramado como agua y su corazón, quebrantado por el dolor y la tristeza, se derritió dentro de él como la cera, él fue, en medio de todo, el glorioso Hijo de Dios, aunque entonces el Hijo del hombre que padecía; y que fue el mismo Jesús ayer cuando colgaba de la cruz, que lo es hoy a la diestra de su Padre, y que lo será para siempre en los reinos de la bienaventuranza celestial.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: April 4
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.