Observa la gloriosa persona de la promesa. "Yo lo haré, yo lo haré." El Señor Jehová mismo se interpone para librar y redimir a su pueblo. Él se compromete personalmente a rescatarlos. Su propio brazo lo hará, para que Él reciba la gloria. Aquí no se dice ni una palabra de ningún esfuerzo nuestro que pudiera necesitarse para asistir al Señor. Ni nuestra fuerza ni nuestra debilidad entran en la cuenta, sino el solo "Yo", como el sol en los cielos, resplandece en toda su autosuficiencia. ¿Por qué, entonces, calculamos nuestras fuerzas y consultamos con carne y sangre, para nuestra dolorosa herida? ¡Jehová tiene poder bastante, sin tomar prestado de nuestro brazo menguado! ¡Callad, pensamientos incrédulos! Estad quietos, y sabed que Jehová reina.
Tampoco hay una sola insinuación sobre medios y causas secundarias. El Señor nada dice de amigos ni ayudadores; Él emprende la obra solo y no siente necesidad de brazos humanos que le ayuden. En vano volvemos los ojos a compañeros y parientes; son cañas quebradas si nos apoyamos en ellos. A menudo son incapaces cuando están dispuestos, o incapaces cuando están dispuestos. Puesto que la promesa proviene solo de Dios, sería bueno esperar solo en Él; y cuando así lo hacemos, nuestra expectativa nunca nos falla.
¿Quiénes son los impíos para que los temamos? ¡El Señor los consumirá por completo! Más bien son de compadecer que de temer. En cuanto a los crueles, solo son terror para quienes no tienen un Dios a quien acudir; pues cuando el Señor está de nuestro lado, ¿a quién temeremos? Si acudimos al pecado para complacer a los impíos, tenemos motivo de alarma; pero si nos aferramos a nuestra integridad, la furia de los tiranos será sobrevenida para nuestro bien. Cuando el pez se tragó a Jonás, descubrió que era un bocado que no podía digerir; y cuando el mundo devora a la iglesia, se alegra de deshacerse de ella. En todos los tiempos de prueba ardiente, en paciencia poseamos nuestras almas.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: October 10 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.