Un Tesoro Dorado para los Hijos de Dios

En Cristo, justificado de todas las cosas

Ante la acusación del enemigo, el creyente apela a la sangre que limpia de todo pecado y halla en Cristo su soliura, justicia y plenitud, desafiando al universo a sustanciar cargo alguno contra él.

«¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Es Dios quien justifica. ¿Quién es el que condena? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, quien además está a la diestra de Dios, quien también intercede por nosotros.» Romanos 8:33-34

Si «el acusador de los hermanos» se presentara a un creyente moribundo y exhibiera, como en un pergamino enrollado, las diversas palabras ociosas, falsas, impuras y airadas que en algún momento hubiera pronunciado, junto con un recuento de todos sus pensamientos y acciones pecaminosos, el creyente, mientras se declara culpable de cada cargo y aun añade, de su doloroso recuerdo, mil agravantes, podría preguntar: «¿Por qué no me has recordado lo que es igualmente verdadero y, para mí, así abrumado por tus reproches y los míos, de importancia inefable: que “la sangre de Jesucristo limpia de todo pecado”?» La expiación hecha por esa sangre aprovecha para el perdón de todo el que humildemente la abraza, y al mismo tiempo tiende a fortalecer los principios santos y a promover la obediencia universal. También podría añadir: «En mí mismo soy vil, contaminado y depravado; pero en Jesús soy santo, justo y completo. Fuera de Cristo, puedo ser condenado; pero en Cristo, soy justificado de todas las cosas y puedo desafiar al universo a sustanciar un cargo contra mí».

Fuente y atribución

Autor original: Carl Heinrich von Bogatzky

Título original: A Golden Treasury for the Children of God — July 24

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Carl Heinrich von Bogatzky, publicado originalmente en Grace Gems.

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