«No a nosotros, oh SEÑOR, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria.» Salmo 115:1
¡Qué poco motivo tenemos para gloriarnos en algo propio, ya que nada sino el pecado es nuestro, el cual aun contamina lo que es de Dios!
Oh Señor, concédele que siempre te dé la alabanza de lo que es tuyo y que aprenda a deleitarme y gloriarme en ti, sin otro fin que andar delante de ti en piedad y sencillez. Porque el que anda rectamente, anda seguro (Proverbios 10:9). Toda inquietud de la mente proviene de nuestros propios deseos y de nuestros temperamentos no mortificados, que hacen del pecho como un mar turbulento. Y ninguna calma estable hallaremos hasta que tengamos un solo ojo para la gloria de Dios y podamos considerarnos indignos de todo bien. Entonces podremos sacar consuelo de la aflicción y aprender a alabar al Señor, ya sea que dé o quite. Entonces reconoceremos su mano en cada dispensación de la providencia, seguros de que todas las cosas obran para nuestro bien y tienden a la gloria de Dios (la cual él sabe mejor cómo promover) y de que nada sino el pecado puede hacernos desdichados y miserables. ¡Señor, guárdame del pecado y luego dispon de mí como quieras!
Fuente y atribución
Autor original: Carl Heinrich von Bogatzky
Título original: A Golden Treasury for the Children of God — July 23
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Carl Heinrich von Bogatzky, publicado originalmente en Grace Gems.