En el margen dice «a su corazón»; y Dios habla al corazón; esa es la característica especial de su voz. Los hombres pueden hablar al oído, y no pueden hacer más; pero Dios habla al corazón, pues solo allí se oye su voz. Toda verdadera religión, del principio al fin, reside en el corazón del hombre. Puede tener la cabeza bien provista de nociones, y sin embargo un corazón destituido de gracia. Pero no así los vasos de misericordia, pues ellos «creen con el corazón para justicia»; y es por la voz de Dios oída en el corazón como se levanta en el alma una fe salvadora. Allí debe hablar Dios si ha de haber religión del corazón, experiencia sana y salvadora, conocimiento de la verdad que bendiga y salve. Mas en el desierto aprendemos la profunda necesidad de que Dios hable a nuestro corazón. Necesitamos que hable el Señor mismo, y solo el Señor; y que hable palabras que lleguen a nuestro corazón y entren con poder divino en nuestra conciencia.
Cuando estás en el desierto, no tienes amigo, no ayuda de criatura, ningún consuelo mundano; todo eso te ha abandonado. Dios te ha conducido al desierto para despojarte de estos lazos terrenales, de estos refugios de criatura y vanas esperanzas, a fin de hablar Él mismo a tu alma. Si, pues, has sido separado del mundo al ser llevado al desierto; si atraviesas pruebas y aflicciones; si te ejercitas con variedad de tentaciones, y llegas al punto en que la criatura no da ayuda ni esperanza, entonces se te hace ver y sentir que nada sino la voz de Dios hablando con poder a tu alma puede darte fundamentos sólidos de reposo o paz. Pero ¿no es esto provechoso? Puede ser doloroso; es doloroso; pero es provechoso, porque por ello aprendemos a mirar al Señor y solo al Señor, y esta ha de ser siempre una lección bendita para todo hijo de Dios.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: October 20
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.