Palabras diarias para los peregrinos de Sion

Entrar con denuedo al Lugar Santísimo

El alma viva no se contenta con los atrios externos, sino que avanza tras el velo hasta la presencia misma de Dios, donde contempla su gracia, gloria, misericordia y poder por la sangre de Jesús.

Nada satisfará a un alma viva sino entrar en el Lugar Santísimo. Quiere tener comunión con Dios, el Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos. No trata con un Dios distante y lejano, un ídolo, un Dios en quien no tiene ni fe, ni esperanza, ni amor; que no puede ni ver, ni oír, ni salvar; un Dios de su propia concepción o de alguna opinión indistinta y tradicional; sino que siente en su misma conciencia que sostiene una comunión sagrada y santa con el Dios del cielo y la tierra, el Dios que se ha dado a conocer en alguna medida a su alma como el Dios y Padre del Señor Jesucristo. Con él tiene que ver; a él debe venir; y con él debe mantener santa comunión. Ante sus ojos que escudriñan el corazón siente que está; en sus oídos siempre abiertos derrama su petición; a su misericordia y piedad apela; su compasión anhela; su amor busca; su salvación desea; y su presencia por encima de todas las cosas anhela con fervor. Así debe entrar en el Lugar Santísimo, pues allí habita Dios; y venir a Dios es venir allí.

El hombre que así siente y obra es un verdadero israelita en quien no hay engaño; uno de la verdadera circuncisión que sirve a Dios en el Espíritu, se gloría en Cristo Jesús y no tiene confianza en la carne. Otros se contentan con los atrios de la casa, con admirar el edificio exterior, o las vidrieras pintadas, los bancos tallados y las largas naves; con el mero culto a Dios como un servicio de labios. Pero el alma viva va más allá de todo eso, hasta el corazón mismo del santuario. Como el sumo sacerdote en el día de la expiación no se detenía entre el pueblo en el atrio, ni con los sacerdotes en el lugar santo, sino que avanzaba, avanzaba siempre a través del velo grueso hasta llegar al santo de los santos; así el santo de Dios: no se detiene en el atrio exterior con el profano, ni en el santuario con el profesante, conformándose con ver a Dios con un velo por medio. Sino que debe entrar en aquella presencia inmediata de Dios, donde pueda ver algo de su gracia, contemplar algo de su gloria, sentir algo de su misericordia y gustar algo de su poder. Y esto le hace avanzar hacia el Lugar Santísimo.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: June 5

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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