¿Qué es quedarse corto de la gloria de Dios? Es actuar sin mirar a su gloria. Ahora bien, todo cuanto hemos hecho jamás sin un ojo puesto únicamente en la gloria de Dios lleva estampada la marca del pecado. Pero ¿quién, en estado no regenerado, quien, como hijo caído de un padre caído, tuvo jamás un ojo para la gloria de Dios? ¿Entró jamás tal cosa en el corazón natural del hombre como hablar para la gloria de Dios, obrar para su gloria, consultar su gloria y vivir para su gloria? Antes de que tal pensamiento, tal deseo pueda cruzar nuestro pecho, debemos haber visto a aquel que es invisible; debemos haber tenido por fe una visión de la gloria del Dios trino y uno; debemos haber recibido del Espíritu Santo un ojo sencillo para ver esa gloria que sobrepuja todo bien de la criatura.
Todo movimiento, pues, del corazón egoísta, todo deseo de gratificar, complacer y exaltar al yo, es un quedarse corto de la gloria de Dios. Esto estampa con la marca del pecado todos los servicios religiosos de los hombres naturales. Deja al religioso en el mismo estado espantoso que al irreligioso; derriba con la misma espada al mundo profesante que al mundo profano. Cuando los hombres en estado natural son lo que se llama religiosos, ¿son el fin y el blanco de su religión la gloria de Dios, la gloria de la libre gracia, la gloria del Mediador entre Dios y los hombres, la gloria del Espíritu Santo, único Maestro del pueblo de Dios? Tomadlo en su mejor y más brillante forma: ¿no es otra especie de egoísmo, para exaltar su propia justicia y subir al cielo por la escalera de sus propias obras?
Y ¿no es esto un quedarse corto de la gloria de Dios? Pero además, la misma gloria de Dios requiere que todo aquel acepto ante su vista esté sin mancha, mote, stain ni defecto. Un Dios puro no puede aceptar, no puede mirar, no puede complacerse en la impureza; y en proporción a la pureza infinita y la inefable santidad de Jehová, toda impureza, toda carnalidad, toda inmundicia y la más leve desviación de la perfección absoluta han de ser aborrecibles y horribles a su vista. Ahora bien, todo esto la elección de gracia es llevada a sentir más o menos. Es la preparación solemne e indispensable del corazón para la misericordia; es la introducción de la mano del Espíritu a la antesala del Rey de reyes. Es llevar al alma a aquel punto, el único punto, donde la gracia es sentida, recibida y conocida. Es, por tanto, absolutamente indispensable para la elección de gracia, para toda la familia rescatada y vivificada de Dios, tener esto sentido en la conciencia: que han pecado y se han quedado cortos de la gloria de Dios.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: June 4
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.