La Biblia se toma especial cuidado en asegurarnos la perdurabilidad del amor de Dios. En un pasaje, por ejemplo, se declara que aunque los montes se aparten, la misericordia de Dios nunca se apartará de su pueblo. La palabra misericordia sugiere todo lo que hay de dulce, tierno y reconfortante en el amor. Hay hombres que aman y, sin embargo, no son bondadosos. Darían todo lo que tienen para ayudar a un amigo, y, sin embargo, carecen de delicadeza. Son rudos, severos, bruscos. No tienen un trato afable. No son bondadosos. La bondad es lo mejor del amor. No solo da, sino que da de una manera que añade cien veces más al valor del don.
La bondad en este pasaje se hace aún más tierna por la palabra calificativa "misericordia", bondad amorosa. Puede haber bondad que no sea amorosa.
Es un gran consuelo saber que el poder de Dios no se apartará, que es eterno. Nada puede arrastrar jamás nuestro refugio en la fortaleza omnipotente de Dios. "Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra se remueva, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza." Salmo 46:1-3
Pero el poder es frío, le falta corazón. La palabra misericordia significa mucho más. Sugiere afecto, ternura, todo lo más cálido, más tierno y más reconfortante. La seguridad es que la misericordia de Dios no fallará. Nunca habrá un día ni una hora en que él no sea bondadoso. ¿Puede ser padre y no ser bondadoso con sus hijos? La Biblia está llena de las revelaciones más exquisitas de la bondad de Dios. "Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen." "Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo." "Los montes se apartarán, pero mi misericordia no se apartará de ti."
También en el Antiguo Testamento encontramos otro cuadro exquisito de la divina misericordia. En su discurso de despedida, Moisés dijo a su pueblo: "Los brazos eternos son tu refugio." Hay consuelo en el abrazo de los brazos de un padre o de una madre. Pero no estamos seguros de que tendremos esos brazos por mucho tiempo; ningún brazo humano es eterno. Los brazos de Dios, en cambio, nunca soltarán su presa. Y siempre están debajo. No podemos caer fuera de su abrazo. Por muy bajo que descendamos en debilidad o en dolor, estos brazos siempre estarán debajo de nosotros. En realidad, solo cuando los montes se apartan podemos conocer lo mejor de la bondad de Dios. Es cuando el padre y la madre ya no están que el Señor nos recoge en su amor más cercano y más tierno. Entonces necesitamos más que nunca su amor, y esa necesidad nos permite hallar la bendición.
En los días de prosperidad y alegría terrenales, cuando el amor humano nos rodea con toda su dulzura, ternura y plenitud, no encontramos ni comprendemos lo mejor de la misericordia de Dios. Queda oculta en la abundancia del amor humano y las bendiciones terrenales que disfrutamos. Solo la necesidad descubre y revela las mejores cosas. Pero cuando llega la prueba y se despojan los bienes terrenales que más han significado para nosotros, entonces hallamos las bendiciones infinitas de la bondad divina. Nunca veríamos las estrellas si el sol no se pusiera. Nunca descubriríamos la gracia y la misericordia de Dios si no hubiera jamás una ruptura en nuestra alegría terrenal. Nunca conoceríamos la maravilla del consuelo de Dios si no tuviéramos dolor. Es cuando los montes visibles se apartan y ya no los tenemos para escondernos, que nuestros corazones hallan los montes de Dios, con sus refugios eternos.
Pero ¿se aparta jamás de nosotros la bondad de Dios? ¿No hay días en que realmente no es bondadoso con nosotros? ¿No hay experiencias en nuestra vida en las que podamos decir: "Dios no es bondadoso conmigo hoy"? Preguntas como estas las hacen continuamente aquellos que están en medio de la aflicción o del dolor, los que han sufrido grandes pérdidas o amargas decepciones.
"¿Dónde puedes encontrar la misericordia de Dios en mis experiencias de los últimos meses?", pregunta uno. Quizá no sepamos interpretar el sentido de estas extrañas providencias, que tan a menudo hacen vacilar la fe de las almas sinceras. Sin embargo, sí sabemos que nunca hay interrupción en el amor divino, aun cuando nuestros ojos no alcancen a ver amor alguno.
Estamos seguros, por ejemplo, de que Dios conoce todas las cosas que nos afligen. El profeta se burlaba de los adoradores de Baal cuando, tras clamar a su dios durante todo el día, no obtenían respuesta, y dijo: "Clamad en voz alta. Quizá está meditando, o se ha ido de viaje, o tal vez duerme y hay que despertarlo." Pero no pueden dirigirse tales burlas a nuestro Dios, porque nunca está ausente cuando le llamamos, ni dormido necesitando que le despierten, ni ignorante de nuestra condición necesitando que le informen.
¿Sabe él todo lo que sufrimos y, no obstante, no envía alivio? ¿Conoce las injusticias que su hijo está soportando y no interviene para detenerlas? ¿Conoce el dolor que tu amigo padece, escucha las oraciones que se elevan con tanta agonía, y, sin embargo, no trae ayuda? Sí, él lo sabe. La niña inválida del relato de Ralph Connor no comprendía cómo Dios podía ser bueno y, a la vez, dejarla sufrir tanto. Su amiga le preguntó por el yeso que los médicos le habían puesto. "¿Te dolió cuando te lo pusieron?" "Fue espantoso", respondió ella, estremeciéndose al recordarlo. "¡Qué pena que tu padre no estuviera ahí!" dijo su amiga. "Pues sí estaba." "¿Tu padre estaba ahí y no impidió que los médicos te hicieran tanto daño?" "Bueno, me dejó que me hicieran daño. Va a ayudarme, quizá me permita algún día volver a caminar." "Oh, entonces no te hicieron daño por crueldad, solo porque querían. Quiero decir que tu padre te ama, aunque permitió que te hirieran; o más bien, dejó que los médicos te hicieran daño precisamente porque te ama y quiere sanarte."
La niña se quedó muy pensativa. Pronto comenzó a brillar la luz en su rostro. Entonces preguntó, mientras el misterio se iba aclarando: "¿Quieres decir que, aunque Dios permitió que yo cayera y sufriera tanto, me ama?" Su amiga asintió. Al rato dijo, como para sí misma: "Me pregunto si eso puede ser verdad."
También estamos seguros de que Dios podría librarnos de las cosas que tanto nos cuesta soportar; podría, si quisiera. No hay nada que Dios no pudiera hacer. Pilato se jactó ante Jesús de que tenía poder para crucificarle o para soltarle, a su elección. "¡No!", dijo Jesús; "no tendrías poder sobre mí si no te hubiera sido dado de arriba." Este es el mundo de Dios, y nada puede salirse de las manos de Dios. "Mi misericordia no se apartará de ti."
¿Qué es, en realidad, la misericordia de Dios? Al principio podemos pensar que es solo ternura, que siempre es compasiva y piadosa, que no puede permitir el dolor ni el sufrimiento. Pero ¿es esa la bondad de Dios? Hay dos maneras de mostrar bondad. Una consiste en ser siempre tierno y librar de toda aspereza, de toda negación de sí mismo al ser querido, dejándole hacer siempre su propia voluntad; eso es lo que algunos entienden por bondad. Algunos padres muestran esa clase de bondad a sus hijos, sin negarles nada, sin reprimirlos jamás, sin permitirles sufrir cosa alguna que les cause dolor. La otra clase de bondad piensa en lo mejor y busca el bien del hijo, no simplemente su comodidad o su placer.
A veces Dios permite que suframos; nos hace sufrir. ¿Es entonces des bondadoso? ¿Un padre amoroso nunca permite de buena gana que su hijo sufra? Tu hijo está herido, tiene un pie aplastado bajo la rueda de un auto en la calle. Los cirujanos consideran qué debe hacerse y deciden que hay que amputar, o la vida del niño no podrá salvarse. Mientras llevan al pequeño al quirófano, ¿comenzarías a gritar que los médicos son des bondadosos, crueles? ¡Oh, no! No parece bondad usar el cuchillo, pero sabes que sería una crueldad inmensa no hacerlo en estas circunstancias.
Cuando Dios te dice por la mañana: "Mi misericordia no se apartará de ti", no quiere decir que no tendrás sufrimiento, ni negación de ti mismo, ni dolor, ni penuria; quiere decir que todo el trato que él te dará ese día estará encaminado a moldear tu vida a la semejanza de Cristo y a entrenar tus facultades para ser útil. A veces permitirá que sufras, tal vez con tormento, y parecerá desentenderse de tu felicidad. Pero es precisamente porque te ama que hace esto. Si te librara de todo sufrimiento y de todo dolor, en realidad sería des bondadoso. Algún día comprenderás que la bondad más verdadera es siempre aquella que hace tu vida mejor, más rica, más noble y una mayor bendición para el mundo.
Capítulo 10.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Is God Always Kind?
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.