La palabra aquí traducida «escudriñar» significa una búsqueda estricta, cercana, asidua y diligente, como la que hacen los hombres cuando buscan oro, o los cazadores cuando van tras su presa con seriedad. No debemos contentarnos con haber dado una lectura superficial a uno o dos capítulos, sino que, con la vela del Espíritu, hemos de buscar deliberadamente el sentido oculto de la Palabra.
La Santa Escritura requiere ser escudriñada; gran parte de ella solo puede aprenderse mediante un estudio cuidadoso. Hay leche para los niños, pero también alimento sólido para los hombres fuertes. Los rabinos dicen con sabiduría que un monte de verdad pende de cada palabra de la Escritura. Tertuliano exclama: «Adoro la plenitud de las Escrituras». Ningún hombre que apenas hojea el libro de Dios puede sacar provecho de él; debemos cavar y minar hasta obtener el tesoro escondido. La puerta de la Palabra solo se abre con la llave de la diligencia.
Las Escrituras reclaman ser escudriñadas. Son los escritos de Dios, que llevan el sello y la autoridad divinos; ¿quién se atreverá a tratarlas con ligereza? Quien las desprecia, desprecia al Dios que las escribió. ¡Lejos de nosotros que alguno deje que su Biblia se convierta en testigo veloz contra él en el gran día del ajuste!
La Palabra de Dios recompensa el escudriñamiento. Dios no nos manda cribar un monte de paja con aquí y allá un grano de trigo, sino que la Biblia es grano trillado: basta abrir la puerta del granero y encontrarlo. La Escritura crece sobre el estudiante. Está llena de sorpresas. Bajo la enseñanza del Espíritu Santo, ante el ojo que escudriña, resplandece con el esplendor de la revelación, como un vasto templo pavimentado de oro labrado y techado de rubíes, esmeraldas y toda clase de piedras preciosas. No hay mercancía como la mercancía de la verdad escrituraria.
Por último, las Escrituras revelan a Jesús: «¡Las Escrituras dan testimonio de Mí!». Ningún motivo más poderoso puede presentarse a los lectores de la Biblia que este: el que halla a Jesús halla la vida, el cielo, todas las cosas. ¡Dichoso el que, escudriñando su Biblia, descubre a su Salvador!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: June 9 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.