Algunos cristianos se inclinan tristemente a mirar el lado oscuro de todo, y a detenerse más en lo que han sufrido que en lo que Dios ha hecho por ellos. Preguntadles su impresión de la vida cristiana, y os describirán sus continuos conflictos, sus profundas aflicciones, sus tristes adversidades y la pecaminosidad de sus corazones, con apenas una alusión a la misericordia y la ayuda que Dios les ha concedido. Pero un cristiano cuyo alma se halla en estado sano avanzará con gozo y dirá: «Hablaré, no de mí mismo, sino para honra de mi Dios. Él me ha sacado de un pozo terrible y del lodo cenagoso, ha puesto mis pies sobre una peña y ha afirmado mis pasos, y ha puesto un cántico nuevo en mi boca, aún alabanza a nuestro Dios. ¡El Señor ha hecho grandes cosas por mí, por lo cual estoy alegre!»
Un resumen de experiencia como este es el mejor que cualquier hijo de Dios pueda presentar. Es cierto que pasamos por pruebas, pero es igualmente cierto que somos librados de ellas. Es cierto que tenemos nuestras corrupciones, y lo sabemos con tristeza, pero también es cierto que tenemos un Salvador suficiente, que vence estas corrupciones y nos libra de su dominio.
Al mirar atrás, sería injusto negar que hemos estado en el Pantano de Desánimo y que nos hemos arrastrado por el Valle de Humillación; pero sería igualmente malo olvidar que hemos pasado por ellos con seguridad y provecho; no hemos permanecido en ellos, gracias a nuestro poderoso Ayudador y Guía, que nos ha sacado «a un lugar espacioso». Cuanto más profundas nuestras aflicciones, más subido nuestro agradecimiento a Dios, que nos ha conducido a través de todo y nos ha preservado hasta ahora. Nuestras penas no pueden estropear la melodía de nuestra alabanza; las consideramos el bajo profundo del cántico de nuestra vida: «¡Él ha hecho grandes cosas por nosotros, por lo cual estamos alegres!»
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: June 9 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.