Considerando la astucia y la malicia de Satanás, y la debilidad y la depravación de los corazones humanos, no es posible que no haya ofensas. Dios las permite con fines sabios y santos, para que sean dados a conocer tanto los que son sinceros como los que no lo son. Puesto que se nos ha advertido de antemano que habrá seductores, tentadores, perseguidores y malos ejemplos, mantengámonos en guardia. Debemos, en todo lo que lícitamente podamos, prescindir de aquello que no podemos conservar sin enredarnos en el pecado. Las ocasiones externas de pecado deben evitarse. Si vivimos conforme a la carne, debemos morir. Si, por el Espíritu, mortificamos las obras del cuerpo, viviremos. Cristo vino al mundo para salvar almas, y pedirá cuentas con severidad a quienes estorben el progreso de otros que encaminan su rostro hacia el cielo. ¿Y rehusará alguno de nosotros atender a aquellos a quienes el Hijo de Dios vino a buscar y a salvar? Un padre cuida de todos sus hijos, pero es particularmente tierno con los pequeños.
La remoción de las ofensas
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Matthew 18:7-14
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.