Muchas son las aflicciones aun de los justos. Aunque son hijos de Dios y herederos de la inmortalidad, ni siquiera ellos están exentos de la suerte común de la humanidad, como describe el patriarca de Uz, cuando dice: «El hombre nace para la aflicción, como las chispas vuelan hacia arriba.»
Hay un mundo sin lágrimas—¡pero se alcanza por un valle de lágrimas! Como quienes estamos expuestos a tal variedad y a tan constante recurrencia de pruebas, necesitamos algún principio que nos sostenga bajo ellas. Debemos hallar alguna fuente de consuelo.
En tiempos de angustia corremos el peligro de recurrir a muchas cosas que son contrarias a nuestra paz y a nuestra santidad.
Las aflicciones no solo son dañinas en sí mismas, sino que también, si no se tiene cuidado, es probable que produzcan mal. No solo conducen siempre al dolor—sino a menudo al pecado. Un espíritu herido ha sido con frecuencia ocasión de una conciencia abrumada.
El ajenjo y la hiel del dolor han fermentado en el veneno de la iniquidad, por la impaciencia bajo la mano de Dios, y por los sentimientos de venganza hacia los instrumentos humanos de nuestras penas. ¡Cuán propensos somos a hundirnos en...
inactividad sin corazón,
desaliento sin esperanza,
desconfianza pecaminosa y
tristeza abrumadora.
En la noche oscura y lúgubre de la tribulación, cuando el sol de nuestra prosperidad se ha puesto; cuando las nubes de la adversidad han cubierto tanto los cielos que ni una estrella titila; y la tempestad ruge—¡cuánto necesitamos algo que nos anime, algo que reprima esos pensamientos incrédulos acerca de Dios y de su providencia que entonces tan fácilmente brotan, y que alivie esa miseria intensa que con tanta frecuencia se apodera por completo del alma!
Fuente y atribución
Autor original: John Angell James
Título original: There is a tearless world
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John Angell James, publicado originalmente en Grace Gems.