Nuestro Señor Jesús es el Primero, pues por él fueron hechas todas las cosas; él era antes que todas las cosas, con Dios, y es Dios mismo. Él es el Último, pues él será el Juez de todos. Como este Primero y Último, que estuvo muerto y vive, es el Hermano y Amigo del creyente, este debe ser rico en la más profunda pobreza, honorable en medio de la más baja abyección, y feliz bajo la más pesada tribulación, como la iglesia de Esmirna. Muchos que son ricos en cuanto a este mundo, son pobres en cuanto al venidero; y algunos que son pobres exteriormente, son interiormente ricos; ricos en fe, en buenas obras, ricos en privilegios, ricos en dones, ricos en esperanza. Donde hay abundancia espiritual, la pobreza exterior puede sobrellevarse bien; y cuando el pueblo de Dios es hecho pobre en cuanto a esta vida, por amor de Cristo y de una buena conciencia, él se lo compensa todo con riquezas espirituales. Cristo arma contra las aflicciones venideras. No temas nada de esto; no solo prohibe el temor servil, sino que lo sojuzga, proveyendo al alma de fortaleza y valor. Ha de ser para probarlos, no para destruirlos. Observad la certeza de la recompensa: «Yo te daré»: ellos tendrán la recompensa de la propia mano de Cristo. También, cuán conveniente es: «una corona de vida»: la vida gastada en su servicio, o entregada en su causa, será recompensada con una vida mucho mejor, que será eterna. La segunda muerte es indeciblemente peor que la primera, tanto en sus agonías, como por ser muerte eterna: en verdad es espantoso morir, y estar muriendo siempre. Si un hombre es guardado de la segunda muerte y de la ira venidera, puede soportar con paciencia todo cuanto le sobrevenga en este mundo.
En Pérgamo; (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Revelation 2:8-11
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.