«Y siguió su camino gozándose.» Hechos 8:39
Él vino adorando. Desde Etiopía hasta Jerusalén viajó, para rendir homenaje al único Dios verdadero.
Mi alma jamás se acercará a Él en vano, si se acerca con tal earnesteza y tal humildad, con tal intensidad sincera de deseo y de expectativa. «A éste mirare, al que es humilde y quebrantado de espíritu, y que tiembla ante mi palabra.»
Él regresó buscando. Pues en Jerusalén no había hallado todo lo que buscaba, y continuó leyendo en el libro del Profeta Evangélico. Es una lección para mí: no ser espasmódico, ni inconstante, ni fácilmente desalentado en mi búsqueda de las más divinas bendiciones; llamar y llamar hasta que se me abra la puerta. Dios ama al buscador persistente e importuno. Entonces conoceré, si sigo adelante para conocer al Señor.
Él siguió su camino gozándose. Tras la medianoche del llanto, tras el crepúsculo de la penumbra y la incertidumbre — suyo fue el amanecer de un gozo inefable. Así Cristo, si yo le busco, si me aferro a sus pies y me niego a dejarle ir — me bendecirá . . .
con la certeza de su misericordia que perdona,
con la dulzura de su gracia que santifica,
con los deleites de la comunión con Él mismo,
con la herencia que jamás se desvanece.
Que yo repita la significativa historia del eunuco — y seré coronado con su corona.
Fuente y atribución
Autor original: Alexander Smellie
Título original: The Hour of Silence — Acts 8:39
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Alexander Smellie, publicado originalmente en Grace Gems.