«Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios». Salmo 103:2
Oh Dios Todopoderoso, acércate a mí en este momento en tu gran misericordia, y acepta mi sacrificio vespertino. Te bendigo por todo lo que alegra mi suerte terrenal: por la comida y el vestido, por los amigos y el hogar, por la salud del cuerpo y la cordura de la mente. ¡Señor, me deleito en trazar el camino admirable por el cual me has conducido hasta aquí! Has rodeado mi camino y mi reposo. Has suplido mis necesidades siempre renovadas. Mis necesidades han sido infinitas, pero infinita ha sido también tu provisión bondadosa. Con un corazón agradecido levantaría mi Ebenezer, diciendo: «¡Hasta aquí me ha ayudado el Señor!». Y recordando tu fidelidad en el pasado, confiaría confiadamente en ti para el futuro.
Que yo emplee con agradecimiento los múltiples dones de tu generosidad. Imprime en mí el sentimiento de que soy solo un administrador, responsable ante ti de todo cuanto poseo. Que no me apropie egoistamente de los variados medios de servicio que has puesto a mi alcance, sino que los emplee de buena gana en tu servicio para el bien de otros. Cuando vengas a pedir cuentas, que yo pueda dar un informe fiel de mi administración, devolviéndote lo tuyo con interés.
Oh Padre mío, mientras te bendigo por las otras pruebas y muestras de tu amor, por encima de todo te bendigo por Jesús. ¿Dónde habría estado esta noche sin él? ¡Qué lúgubre habría sido el pasado! ¡Qué desalentador y sin esperanza el futuro! ¡Gracias, eternas gracias sean a Dios por su don inefable! Hazme sentir, más de lo que he hecho, las sobreabundantes riquezas de tu gracia, en tu bondad para conmigo por medio de Cristo Jesús. Que todos tus tratos solo sirvan para confirmar mi amor hacia él y para llevarme a unirme a él con propósito más pleno del corazón. Que él tenga mi homenaje indiviso. Que ningún don ni bendición terrenal desplace al Dador. ¡Que cada arroyo de dicha temporal me sea doblemente precioso, como proveniente del sacrificio expiatorio de Cristo!
Me regocijo en medio de la prueba y la perplejidad al pensar en ti, el Probado y Sufriente. Me regocijo de que en medio de mis penas pueda recordar las tuyas, de que en medio de mis mismas lágrimas pueda recordar que Jesús lloró. Tú puedes comprender todas las particularidades de la situación de tu pueblo, pues fuiste tentado «en todo semejante a nosotros».
Hazme sentir, aun en medio de los cambios turbulentos de la vida, que lo que suelo llamar vicisitudes dolorosas son los decretos y asignaciones soberanos de tu sabiduría infinita. Lo que ahora no puedo comprender, sea mío esperar la revelación de aquella bendita mañana en que, de pie junto a los portales luminosos del cielo, reconoceré con gozo: «¡Todo lo has hecho bien!».
Bendice a mis amados amigos; que crezcan en tu temor y favor; que todos al final, como gavillas en tu granero celestial, sean hallados para alabanza, honra y gloria en la manifestación de Jesucristo.
Me encomiendo, oh Dios bondadoso, a tu cuidado; déjame retirarme a descansar esta noche en la conciencia bendita de tu favor; y si se me perdona ver la luz de un nuevo día, prepárame para cuanto tengas reservado para mí. Y todo lo pido por amor de Jesús. Amén.
«Sea mi oración delante de ti como el incienso, y el alzar de mis manos como el sacrificio vespertino.»
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: Prayer for Gratitude for the Past
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.