Incienso vespertino

Una oración para ser desapegado del mundo

Una plegaria nocturna que confiesa la inclinación del corazón a apegarse a lo terrenal y pide al Padre que libre de las seducciones del mundo, santifique por el Espíritu y conduzca por el descanso hacia la comunión con él.

«No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.» Juan 17:16

Oh mi Padre, deseo entrar esta noche en tu presencia graciosa, suplicándote que me bendigas. Suba mi oración delante de ti como el incienso. Que la ofrenda de incienso de gratitud y acción de gracias ascienda desde un corazón agradecido. ¡Cuán múltiples son las pruebas de bondad de tu parte que tengo que recountar! ¡Cuán profunda la ingratitud que tengo que llorar de la mía! Mis pecados han llegado hasta las nubes; son más en número que la arena del mar.

Tú eres de ojos más puros que para mirar la iniquidad. No puedo evadir tu escrutinio justo; todas las cosas están desnudas y patentes ante los ojos de aquel con quien tengo que habérmelas. Señor, tengo que lamentar la propensión de mi mal corazón de incredulidad a apartarse siempre de ti, el Dios vivo. Lamento la influencia envilecedora de las cosas terrenales, el poder fascinante de un mundo presente y malo. ¡Cuán propenso soy a conformarme a sus máximas malas y a sus prácticas impías! ¡Cuán a menudo me encuentro entre los que «se ocupan de las cosas terrenales», con mi alma pegada al polvo, en vez de elevarme hacia ti, mi única porción que satisface!

Oh mi Padre, es mi ferviente oración que me desapejes del mundo. Guárdame de la ansiedad excesiva por las cosas que se ven, de la sobrepreocupación y la turbación por las «muchas cosas» de la tierra, hasta excluir lo único necesario. Rompe todo hechizo mundano seductor; desencanta las cosas temporales de su falso y engañoso encanto; desligame, por toda la disciplina provechosa de tu providencia, de lo que es fugaz, incierto, pasajero y perecedero; y úneme a las cosas que no pueden ser conmovidas, sino que permanecen para siempre. Que mi corazón esté más en el cielo, absorbiendo más del espíritu de peregrino. Que declare claramente que busco una patria mejor.

Sean perdonados los pecados del día que pasado; lave la sangre de la aspersión su culpa. Sea yo llevado más cerca y más junto a aquel que es el verdadero refugio, la porción y el Salvador de su pueblo. Me regocijo al pensar que él tiene...

un bálsamo para toda herida,

un consuelo para todo pecho,

un alivio para toda lágrima.

¡Sea mío subir por este «mundo desierto» apoyado en su brazo amoroso y omnipotente!

Que tu Santo Espíritu lleve adelante su propia obra de santificación en mí. Que él me ilumine, vivifique, consuele y fortalezca, y me moldee en conformidad gradual con tu voluntad divina.

Bendice a todos los que están unidos a mí, por cualquier vínculo. Cuando lleguen a su fin las separaciones de la tierra, llévame a mí y a todos los que me son queridos al gozo de tu presencia y de tu amor en tu propio reino eterno. Sea la columna de tu presencia sobre nosotros esta noche. Guárdame durante las horas inconscientes del sueño. Que ningún sueño inquieto perturbe mi reposo; que yo me disponga a descansar bajo la dulce seguridad de que tú, el Señor, me sostienes; y cuando despierte, que aún esté contigo, por Jesucristo, mi único Señor y Salvador. Amén.

«Suba mi oración delante de ti como el incienso, y el alzar de mis manos como el sacrificio de la tarde.»

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: Prayer for Weanedness from the World

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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