Flores de un jardín puritano

Inflamados por el sacrificio del Rey

Cristo no solo enseñó el menosprecio del mundo, sino que lo ejemplificó con su pobreza y su cruz; su heroica abnegación llama a los suyos a soportar las durezas sin buscar comodidad.

«Alejandro Magno, cuando su ejército se volvía perezoso por estar cargado con el botín de sus enemigos, para librarlos de este estorbo, mandó que todos sus propios tesoros fueran puestos al fuego, para que cuando vieran que el rey mismo entregaba sus ricos tesoros a las llamas, no murmuraran si sus míseras migajas y porciones eran consumidas también. Así también, si Cristo nos hubiera enseñado el menosprecio del mundo, y no nos hubiera dado ejemplo de ello en su propia persona—su doctrina habría sido menos poderosa y eficaz.»

Pero ¡qué ejemplo hallamos ahora en Él, viendo que no tuvo dónde recostar la cabeza en vida, ni un trapo que lo cubriera en la muerte, ni nada sino una tumba prestada en su sepelio!

¿Qué clase de personas debiéramos ser? ¡Debemos vivir vidas santas y piadosas, cuando tenemos tal Señor! Él no nos ha dicho en materia de negación de nosotros mismos: «Toma tu cruz y vete», sino «Ven, toma tu cruz, y sígueme.»

Inflamados por el heroico sacrificio de nuestro Rey, la más severa abnegación de nosotros mismos, y la más rigurosa renunciación al mundo—deberían volverse una cosa fácil.

Bien pueden los soldados soportar las durezas, cuando el Rey mismo pasa privaciones entre nosotros, y sufre más que el último soldado raso de nuestras filas.

Alma mía, te lo encargo, soporta las durezas—¡y no busques comodidad, donde Jesús halló la muerte!

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: Fired by the heroic self-sacrifice of our King!

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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