Palabras de consuelo divino

Jesús junto al lecho del enfermo que ama

La enfermedad del creyente figura entre las bendiciones del pacto. Cuando procede de la mano de Dios y nos acerca a Cristo, florece en la vara una de las más dulces evidencias de santidad.

La enfermedad ocupa un lugar alto en el catálogo de las bendiciones del pacto que pertenecen al creyente. Cuando se reconoce que procede directamente de la mano de Dios, cuando nos humilla más a los pies de Jesús y nos recoge más cerca de su pecho, no brota ni crece en la vara de corrección flor más hermosa ni fruto más dulce de santidad que este. No pienses que dicta este sentir un corazón frío y sin compasión. Quien escribe estas líneas conoce demasiado el aposento del enfermo —su sufrimiento y su cansancio, su desaliento y sus temores— para hablar a la ligera de esta disciplina divina. Considera aquel cuarto como uno de los lugares más sagrados de este lado de la eternidad: Dios está allí, Jesús está allí, el Espíritu Santo está allí, y los ángeles asistentes sirven al que aman.

«Esta enfermedad no es para muerte». ¡Oh no, hay vida en ella, enfermo, hijo de Jesús! Este será un tiempo de avivamiento espiritual para tu alma: conocerás más de Dios, verás más a Jesús y leerás tu título a la morada celestial con luz más clara y fe más firme. A lo mejor el Señor te prepara, mediante esta dolencia, para un servicio mayor en su Iglesia. ¿Quién sabe para qué obra grande en la viña del Señor te están disponiendo este padecer y este desaliento? Y si la enfermedad terminara en partida, aun así no sería para muerte, sino para vida, vida eterna: «Para siempre con el Señor».

Cuando el languor y el dolor invaden esta frágil morada de barro, es dulce mirar más allá de nuestra jaula y anhelar el vuelo. Dulce escuchar interiormente los susurros de su amor; dulce mirar al lugar donde Jesús intercede arriba; dulce recordar que la gracia divina cargó nuestros pecados sobre él, y que su sangre pagó nuestra deuda. Dulce, en la confianza de la fe, echarse pasivo en sus manos y no querer otra voluntad sino la suya.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: JESUS IN THE CHAMBER OF SICKNESS

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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