Nunca unos labios tan llenos de gracia pronunciaron palabras más preciosas que estas: «Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada». El lenguaje es figurado, pero la verdad es literal. Nos hallamos ante la doctrina más vital de la Biblia: la gran expiación del Hijo de Dios. Amado, la sangre de Jesús es muy preciosa para el pecador cargado de culpa; es la sangre que le salva. En ella hay todo lo que necesitas: perdón para toda deuda y sanidad para toda conciencia herida por el pecado.
Es la sangre del Dios encarnado. Aquí radican su valor intrínseco y su eficacia esencial: la deidad del Salvador le dio todo su mérito para expiar y toda su virtud para limpiar. No es de extrañar que el apóstol la llame «la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha». Pero recuerda que la fe, y solo la fe, hace nuestra esa virtud salvadora: cree, y toda la eficacia soberana de su sangre te pertenece. Como la sangre del cordero pascual nada habría valido sin estar rociada sobre los dinteles, así la sangre de Jesús debe aplicarse a tu conciencia. No te detengas antes de esto, alma mía: el Espíritu Santo está dispuesto a tomar la sangre del pacto y rociarla sobre tu corazón, y entonces todo será paz.
Esta sangre santifica, aparta un pueblo santo para Dios y limpia el corazón de imaginaciones vanas y deseos impuros. Da poder en la oración, pues acercándote a Dios con este ruego puedes abrirle todo tu corazón, confesar cada pecado y exponer cada necesidad. En una palabra, es la sangre de Jesús la que SALVA: nos salva de la condenación presente y nos salva para una salvación eterna. No hay salvación en otro. Aquí hay perdón para el pecador más vil, porque la sangre de Jesucristo limpia de todo pecado. Y este será nuestro canto y nuestro gozo por la eternidad: «Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, a él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén».
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: IT IS THE BLOOD THAT SAVES
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.