¡Cuán alentador es el pensamiento de la intercesión incesante del Redentor por nosotros! Cuando oramos, Él aboga por nosotros. Y cuando no oramos, Él defiende nuestra causa, y con sus súplicas nos protege de peligros invisibles. Nota la palabra de consuelo dirigida a Pedro: «Simón, Simón, Satanás te ha reclamado para zarandearos como trigo; pero», ¿qué? «Pero ve y ora por ti mismo». Eso sería un buen consejo, pero no está así escrito. Tampoco dice: «Pero yo te guardaré velando, y así serás preservado». Eso sería una gran bendición. No, sino: «Pero yo he rogado por ti, para que tu fe no falte».
¡Poco sabemos cuánto debemos a las oraciones de nuestro Salvador! Cuando lleguemos a las cumbres del cielo y miremos hacia atrás por todo el camino por donde el Señor nuestro Dios nos ha conducido, ¡cómo alabaremos a aquel que, ante el trono eterno, deshizo el daño que Satanás hacía en la tierra! ¡Cómo le daremos gracias porque, de día y de noche, señalaba las heridas de sus manos y llevaba nuestros nombres en su pectoral!
Aun antes de que Satanás hubiera comenzado a tentar, Jesús había presentado un alegato en el cielo. La misericordia se adelanta a la malicia. Observa: no dice: «Satanás te ha reclamado». Detiene a Satanás incluso en su mismo deseo, y lo corta de raíz. No dice: «Pero yo he deseado orar por ti». No, sino «Yo he rogado por ti; ya lo he hecho; he acudido al tribunal y he presentado una defensa aun antes de que se formule la acusación». ¡Oh, Jesús, qué consuelo es que hayas defendido nuestra causa contra nuestros enemigos invisibles; contrarrestado sus minas y desmantelado sus emboscadas! ¡Aquí hay motivo de gozo, gratitud, esperanza y confianza!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: January 11 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.