La gracia que se ejercita en la temporada de aflicción necesariamente tiende a promover en gran medida el avivamiento de la vida de Dios en el alma del creyente. ¡Cuán propensa es la gracia a decaer cuando todo sonríe sobre un camino liso y sin tropiezos! Pero Dios envía la aflicción, y la gracia que yacía oculta sale a la luz, y la gracia que permanecía dormida es llamada a las armas; toda el alma se despierta y se anima como con nueva vida. «La prueba de vuestra fe produce paciencia». Así una gracia probada despierta a otra, hasta que todos los eslabones de la cadena de oro sienten la influencia y se ponen en movimiento. ¡Oh, bendita tribulación, que así sacude la vida de Dios en el alma hasta hacer de cada gracia del Espíritu un «nuevo instrumento trillador, agudo, con dientes»; un arma refundida y nuevamente pulida en el horno, que sale así con filo más agudo y hoja más bruñida para «pelear la buena batalla de la fe» con mayor poder y éxito!
Pero la influencia de la aflicción santificada sobre la vida interior es, acaso, más evidente y poderosa en el avivamiento del espíritu de oración. Es extraño que, ante este, el más alto, santo y dulce privilegio preparado para el cristiano, sea con frecuencia el más indiferente, y en su observancia sus sentimientos sean los más fríos y perezosos. ¡Qué evidencia, no puede haber una más melancólica, de la muerte moral del alma por naturaleza! Aun después de que ha sido vivificada con una vida que la une a la vida de Dios, después de que el Espíritu de Dios ha entrado y hecho de ella su morada, morando y reinando y obrando en ella, permanece todavía tanta insensibilidad hacia lo espiritual, especialmente hacia el más espiritual de los deberes y el más precioso de los privilegios: la comunión con Dios.
Pero en el tiempo de angustia despertamos a la convicción de que poseemos un instrumento poderoso que, ejercitado, trae todo el cielo y al Dios del cielo a nuestra alma. Nos sobresaltamos como de un sueño; y justo en el instante en que todo auxilio humano decae y todo recurso terrenal falla, descubrimos que estamos provistos de un poder de socorro más poderoso que el más fuerte de los ángeles: un poder que, ejercitado, vence, hablamos con reverencia, a la Omnipotencia misma. ¡El poder de la oración! ¿Y qué es la oración sino el poder de Dios en el alma de un pobre gusano del polvo sobre sí mismo? No fue fuerza humana de Jacob la que le permitió luchar y prevalecer con el Ángel del Pacto; fue el poder del Espíritu Santo en su alma; y cuando el Ángel divino cedió, cedió ante sí mismo; y así Dios tuvo toda la gloria, y la tendrá, de todo cuanto ha obrado por nosotros y de todo cuanto hemos obrado por Él, por toda la eternidad. ¡Oh, costoso y precioso privilegio el de la oración! «Pueblos, derramad ante él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio».
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - February 17
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.