Cada descripción que los evangelistas ofrecen del estado de ánimo con el cual nuestro Señor entró en este conflicto demuestra la naturaleza tremenda del asalto y el conocimiento perfecto que el manso y humilde Jesús poseía de sus terrores. Aquí hay tres cosas que no se encuentran en los otros evangelistas:
1. Cuando Cristo estaba en su agonía, se le apareció un ángel del cielo que le fortalecía. Fue parte de su humillación que fuera así fortalecido por un espíritu ministrador.
2. Estando en agonía, oraba más intensamente. La oración, aunque nunca está fuera de tiempo, es de manera especial oportuna cuando estamos en una agonía.
3. En esta agonía su sudor fue como grandes gotas de sangre que caían a tierra. Esto mostraba el trabajo de su alma. También nosotros debemos pedir ser capacitados para resistir hasta derramar nuestra sangre, combatiendo contra el pecado, si alguna vez fuéramos llamados a ello.
Cuando la próxima vez te detengas en la imaginación en los deleites de algún pecado favorito, piensa en sus efectos al contemplarlos aquí. Mira sus efectos temibles en el huerto de Getsemaní y desea, con la ayuda de Dios, odiar profundamente y abandonar a ese enemigo, para rescatar a los pecadores por quienes el Redentor oró, agonizó y sangró.
Jesús traicionado (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Luke 22:39-46
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.