El Peregrino de Sion

La casa del Intérprete: refugio y consejo para el peregrino

Bajo la providencia divina, el peregrino llega a la casa del Intérprete, donde halla una comunidad de fe que lo conforta y donde se le muestra la suficiencia de la gracia soberana de Dios frente a los razonamientos que perturbaban su mente.

LA CASA DEL INTÉRPRETE

Lo consideré entonces, como la experiencia me ha enseñado a considerarlo muchas veces desde entonces, como una de las disposiciones especiales de un Dios de pacto, que mi camino fuera dirigido hacia aquí. Él ha prometido "conducir al ciego por un camino que no conocía", y en este caso nada pudo ser más claro.

Lamento de corazón al hombre que atraviesa la vida sin descubrir nada de la sabiduría divina que dispone y ordena todos sus acontecimientos; y de manera particular en aquellos casos en que los enemigos del Señor, con su conducta inconsciente, promueven y adelantan los mismos designios que en apariencia se oponen. Hay algo muy conmovedor como prueba de una superintendencia divina, cuando los hombres cumplen sin intención aquella voluntad que todos sus designios y acciones se proponen frustrar. Cuando los hijos de Jacob vendieron a su hermano como esclavo, jamás soñaron que la futura dignidad de José y la salvación de Israel habrían de resultar de aquella crueldad. No (lo que es infinitamente más importante, y un testimonio más alto que este): cuando los judíos clavaron en la cruz al Señor de la vida y de la gloria, ¡quién habría pensado que de aquella misma cruz habría de brotar toda la bienaventuranza eterna de su pueblo! Y (comparando lo pequeño con lo grande), cuando las persecuciones de mis parientes, los falsos razonamientos del autor cuyo libro yo había leído, y la conversación de los hermanos infieles —que todo ello concurrió a afligirme tanto— llegaron a ser, bajo Dios, el mismo fundamento de mi confirmación en la gracia, ¿quién podrá concluir sino que una coincidencia tan singular de circunstancias no puede ser fruto de nada fortuito, sino que "procede (como habla el profeta) de Jehová de los ejércitos, que es admirable en consejo y excelentísimo en obra"? (Isaías 28:29.)

Sin duda, una parte de la felicidad del cielo será mirar hacia atrás y recorrer toda nuestra historia llena de acontecimientos hasta su plenitud; pero es ya ahora, a mi juicio, un andar por la senda de comunión con Dios, cuando en alguna ocasión se nos concede recorrerla en parte aquí abajo.

La casa del Intérprete. —Había leído de semejante casa y de semejante personaje, como propios del camino del peregrino, en mis días de niñez; pero no sabía entonces que yo mismo viviría para contemplar realizadas una y otra cosa. Un pensamiento, sin embargo, me sobrevino al leer la inscripción: "¡Quizá halle aquí alguna ayuda que me explique las dificultades bajo las que ahora me encuentro ejercitado!" Recordé lo que Job había dicho, que "si hubiere cerca de él algún mensajero, un intérprete, uno entre mil, que declare al hombre su justicia, entonces tendrá misericordia de él". (Job 33:23.) Alentado por estas consideraciones, me acerqué a la casa. La puerta estaba abierta de par en par. Jesús ha dicho: "He aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, que nadie puede cerrar". (Apoc. 3:8.) Comprobé que daba a un vestíbulo espacioso; en uno de cuyos compartimientos estaba escrito en caracteres grandes lo siguiente:

LAS REGLAS DE ESTA FAMILIA

Primero. Se espera que todo el que llegue bajo este techo no deje de estar presente en la oración familiar y la lectura de las Escrituras.

Segundo. Se espera que, además de estas cosas, se preste atención a los ejercicios privados del aposento. Quienes comienzan el día en oración probablemente hallen motivo para terminarlo en alabanza.

Tercero. Ha de seguirse invariablemente la máxima del apóstol, bajo la bendición divina: En todo, "conducíos de manera digna del evangelio de Cristo". "Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificación según la necesidad, para que dé gracia a los oyentes" (Ef. 4:29.)

Por último. "Todo lo que hacéis, sea de palabra o de obra, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él". (Col. 3:17.)

A todo aquel que, mirando a lo alto por la gracia que lo haga eficaz, desea sinceramente conformar su conducta a estas reglas, el buen hombre de la casa le dice: "Entra, bendito de Jehová; ¿por qué estás fuera?" (Gén. 24:31.)

Así invitado, entré por la puerta y vi que daba a una sala amplia como un vestíbulo. Había varias personas sentadas en torno a una mesa, a cuya cabecera presidía un venerable anciano. Tras ocupar mi lugar al fondo, al cual parecían invitarme las miradas bondadosas del amo en la cabecera, pronto descubrí, por lo que se desprendía de sus labios en la conversación, que los personajes a mi alrededor eran peregrinos de Sion, como yo mismo; y que el Señor del camino los había dirigido en su providencia hasta allí, para refrigerio y consejo.

Es cosa muy preciosa cuando pequeñas comunidades se reúnen con propósitos llenos de gracia. Hay un recogimiento en el ánimo de la asamblea mezclada. "¿Pueden dos andar juntos, si no estuvieren de acuerdo?" Me atrevo a creer que, más o menos, todo seguidor del Redentor conoce algo de esto en su propia experiencia, y parecería que el amado Señor mismo, en su última cena, reservó aquellos dulces e incomparables discursos que el apóstol Juan ha consignado en el capítulo catorce y siguientes de su evangelio, hasta que Judas el traidor se hubo retirado; pues tan pronto como él salió, Jesús dijo: "¡Ahora es glorificado el Hijo del hombre!" y enseguida el Señor comenzó su sermón de despedida.

En esta asamblea del Intérprete, había algo visible en cada semblante que indicaba que "todos tenían un mismo corazón y una misma alma". Se habían reunido para dejar cada uno sus cargas y desahogar sus pensamientos unos con otros; y el buen hombre de la casa parecía designado para hablar una palabra de consuelo a cada caso.

Hallé mi ánimo muy aliviado bajo una parte de mi carga (me refiero a las tristezas causadas por las persecuciones de mis parientes) por lo que el Intérprete dijo a una mujer de la compañía en circunstancias semejantes. "Mi mejor consejo para usted —dijo— será recomendarle que busque la gracia a fin de seguir el ejemplo del profeta; pues cuando no halló favor alguno en los hombres, recordó que tenía el favor de Dios, de modo que por más perversos que fueran los tiempos en que vivía, con todo, la justicia de Jehová era inmutable. El mejor de ellos —dijo— es como un abrojo; el más recto es más punzante que un seto de espinas. ¿Quién, pues, podría acercarse a ellos? Su caso, ve usted, no es singular en la descortesía que sufre de sus parientes a causa de su religión. En todas las épocas ha sido lo mismo; y por ello dice el profeta: 'Aun el mejor de ellos es como un abrojo; el más recto es más torcido que un seto de espinas. No confiéis en nadie, ni en vuestro mejor amigo, ni siquiera en vuestra esposa. Los enemigos del hombre son los de su propia casa.' Mas ¿cuál fue la conducta del profeta bajo estos pesados afanes? 'En cuanto a mí, miraré a Jehová en busca de su ayuda; esperaré confiadamente a que Dios me salve, y mi Dios ciertamente me oirá.' (Miq. 7:4-6.) Cuanto más frunce el ceño el mundo, más dulces serán las sonrisas de Jesús; y cuanto mayor desprecio reciba usted de sus parientes, mayor será su estimación del afecto del Redentor. ¿Qué importa que todas sus conexiones terrenales falten, y que su amistad sea siempre fluctuante y mudable? En Jesús hallará usted un amigo inmutable, 'en todo tiempo, nacido para la adversidad, y que se apega más que un hermano.'

"Y debería muy evidentemente parecer que Dios previene aquellos mismos acontecimientos que tienden a aflojar nuestro apego a todo lo de aquí abajo, a propósito de elevar nuestros afectos y fijarlos en los grandes objetos que están arriba. Al teñir de vanidad y desengaño nuestros goces más inocentes en este estado mortal, ¿qué otra cosa es en efecto sino decir: 'Levántate y vete, porque este no es tu reposo, pues está contaminado'? Hay mucho significado en aquella palabra del profeta, cuando dice: 'Por tanto, miraré a Jehová'; es tanto como decir: porque todas las demás cosas me desagradan, miraré donde estoy seguro de no quedar defraudado. Aunque todas las criaturas me abandonen, mi Creador es el mismo; y aunque todo amigo terrenal me falte, ¡mi amigo celestial jamás lo hará! Oh, dependan de ello: por mucho que un hijo de Dios sea perseguido, abandonado, despreciado o desdeñado por los hombres, mientras tenga un Dios a quien mirar y un Dios de pacto en quien confiar, mientras pueda decir 'mi Dios', podrá al mismo tiempo, con plena seguridad, decir: Él me oirá.

Y creo posible, no más que posible, y aun frecuentemente obrado por la gracia divina, que cuando el amor de Dios es derramado en el corazón en toda su plenitud y vigor, desaloja toda consideración menor —así como el resplandor del sol eclipsa el fuego del hogar; y es en este sentido que debemos aceptar aquella doctrora por demás áspera para la carne y la sangre, cuando el Redentor dice: 'Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre y a su madre, y a su esposa y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, sí, y aun su propia vida, no puede ser mi discípulo.' Que el apóstol Pablo sintió la influencia de este aborrecer su propia vida, nadie lo cuestionará si atiende a los gemidos del santo varón bajo 'el cuerpo de pecado y muerte', del cual nos dice que llevaba consigo; y que un creyente en la hora presente, que sabe lo que es a veces aborrecer, y aun detestar su propia carne a causa de las corrupciones de ella, pueda, sin violencia a los afectos más puros, suponerse bien que siente algo de obediencia al precepto del Redentor, aborreciendo todo lazo que tienda a separar el alma del grande y sin rival objeto de su amor, no se dudará. '¿A quién tengo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo sobre la tierra', es un clamor que muchos además de David se han visto capacitados para hacer."

Cuando el Intérprete hubo terminado su discurso a la mujer, se dirigió a mí; y concluyendo, por mi apariencia entre el círculo, que el mismo motivo que había traído a otros a su casa me había traído también a mí, deseó saber cuál era el asunto inmediato de mi atención presente.

Le repetí sencillamente la angustia con que mi ánimo había estado ejercitado desde que había leído un librito sobre el tema de la gracia, y desde que había oído la conversación entre Los Hermanos.

Él impidió que yo añadiera más, diciendo: "Conozco muy bien los escritos de ese autor, y me es fácil concebir cómo sus razonamientos han podido obrar en su mente; pero un momento de reflexión, bajo la enseñanza de Dios el Espíritu, será suficiente para refutar doctrinas de tal tendencia."

"Suponer que el don de la gracia de Dios depende del mérito del hombre es invertir el mismo orden de las cosas y hacer a la criatura el primer motor de su salvación; lo cual se opone directamente a todo el tenor de la Escritura. Esto, si fuera cierto, destruiría la presciencia de Dios.

"Imaginar que nuestra aceptación o rechazo de la gracia es resultado de nuestro propio agrado es despojar a Dios de otra de sus gloriosas perfecciones de carácter; pues es en efecto decir que el hombre es más poderoso que su Hacedor, en que lo que Dios quiere, el hombre puede frustrarlo; y esto arrebata a Dios su omnipotencia.

"Pensar que nuestro aprovechamiento o desatención de la gracia la hará eficaz, o lo contrario, es cometer otra vulneración de los atributos divinos; pues esto es reducir el pacto de gracia a un pacto de obras; y por tanto, después de todo lo que Dios ha dicho y prometido acerca de la libertad, la plenitud y la soberanía de su salvación, en tal caso el resultado dependería del mérito de la criatura; y esto arrebata a Dios tanto su sabiduría como su gloria.

"Y creer, después de lo que Dios el Padre ha dado y Dios el Hijo ha realizado para la salvación de su pueblo en un camino de pacto, que almas renovadas por Dios el Espíritu Santo y llamadas con un llamado santo pueden, con todo, perecer finalmente, es reducir la obra de la redención a un resultado tan precario e incierto, que dejaría del todo indeterminado si se salvará siquiera un solo creyente; y esto echa por tierra el carácter distintivo de la inmutabilidad de Dios.

"Concedo muy de buena gana —prosiguió el Intérprete— que la gracia es sometida a muchas dispensaciones agudas y difíciles en la vida de los fieles. Ciertamente Dios ejercita los dones de su Espíritu Santo que les otorga, mediante tentaciones y tribulaciones, y una variedad de providencias; y de hecho, tal ha de ser el caso; pues la gracia no ejercitada de otro modo no hallaría ocasión de manifestarse; mas que alguien imagine de aquí que nuestra aceptación ante Dios depende del resultado de aquellos ejercicios, sería hacer de la vida presente una vida de probación y prueba, como algunos maestros imprudentes han enseñado a su pueblo, y dejar aún en duda los méritos y la muerte del Redentor, en cuanto a si llegarían a estar disponibles para la justificación del pecador ante Dios.

"¡Bendita sea la benignidad divina, las cosas no son así! Es nuestra misericordia que la salvación acabada y completa del Señor Jesús no descanse sobre un título tan incierto. 'Un pacto eterno, ordenado en todo y seguro', jamás puede dejar su resultado dudoso. Lo que Pablo dice, al reposar todo el peso de la esperanza del pecador para su aceptación ante Dios sobre los méritos justificadores de Cristo Jesús, puede aplicarse igualmente al caso de todo creyente: 'No —dice— frustro la gracia de Dios; pues si la justicia viene por la ley, entonces Cristo murió en vano.'"

Mi corazón se regocijó en el consuelo. "Sea Dios adorado —exclamé—, que me ha traído a este lugar y le ha dado (tomando al Intérprete de la mano mientras lo decía) la lengua de los entendidos, para saber hablar una palabra a tiempo al que está cansado. (Isaías 51:8.) Veo ahora la falacia de aquellos argumentos de ese libro, con los que mi mente ha estado afligida de angustia."

Fuente y atribución

Autor original: Robert Hawker

Título original: Zion's Pilgrim — THE HOUSE OF THE INTERPRETER

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Robert Hawker, publicado originalmente en Grace Gems.

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