El camino del cristiano

La coherencia cristina que el mundo puede ver

No es nuestra profesión de fe lo que evidencia a quién servimos, sino los frutos prácticos de justicia, la bondad y la coherencia que los demás pueden observar en nuestra vida cotidiana.

"Por sus frutos los conoceréis", dice el Salvador. No es por nuestra profesión, por más resplandeciente que sea, ni por nuestro celo, por más ardiente que se muestre, que podemos evidenciar de quién somos y a quién servimos; sino más bien por abundar en todo aquello que es amable y de buen testimonio. Es mediante la exhibición de los frutos prácticos de la justicia como hemos de "resplandecer nuestra luz delante de los hombres, para que vean nuestras buenas obras y glorifiquen a nuestro Padre que está en los cielos". Mateo 5:16

Hay muchas cosas relacionadas con el camino del cristiano que los mundanos no pueden comprender. De los senderos altos y ocultos de la experiencia espiritual no saben nada. Lo que se dice de las operaciones de la vida divina en el alma es considerado por ellos como necedad y fanatismo. Sus principios internos, sus motivos e impulsos decisivos, sus aspiraciones celestiales, su gozo arrebatador y sus luchas agonizantes son cosas que estos extraños no pueden comprender. Sin embargo, todavía hay mucho que ellos sí son capaces de entender. Todo lo que sea coherente en el carácter; todo lo que sea honesto y recto entre hombre y hombre; todo lo que sea amable y compasivo en el comportamiento; todo lo que sea tolerante y perdonador ante insultos y agravios, no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendición; tales rasgos, cuando se exhiben sin ostentación, despiertan su atención y, por lo general, suscitan su aprobación. La manera en que se cumplen los deberes ordinarios de la vida es algo tan tangible que queda dentro del alcance de su propia observación. Estas cosas sí pueden entenderlas; y es de la mayor importancia que todos cuantos profesan religión se distingan por tales cualidades prácticas.

¿Qué sucedería si un pequeño grupo de cristianos fuera establecido en alguna localidad, y en él los principios del evangelio se llevaran a la práctica plenamente? ¡Qué efecto tan poderoso, podemos suponer, produciría su simple presencia! Que se relacionen con quienes les rodean mediante los compromisos ordinarios de la vida, pero sin emplear ningún medio directo para difundir sus convicciones cristianas. Allí están, "irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa". Sus corazones están llenos, no sólo de amor a Dios, sino de afecto sincero y ardiente hacia todos los que les rodean, cuyo bienestar procuran promover de todas las maneras posibles. Todas las malas propensiones de su naturaleza están sometidas; el egoísmo, el orgullo, el resentimiento y la censura no tienen cabida entre ellos; y todo su espíritu y su porte están influidos y gobernados por esos nobles, generosos y santos sentimientos que el cristianismo inculca e inspira. La santa religión que profesan aparecería en su verdadero carácter y su tendencia benéfica, y los hombres se verían constreñidos por las buenas obras que contemplaban a glorificar a Dios.

Era una oración predilecta del excelente señor Berridge el pedir ser conducido "segura y honrosamente a través del mundo". Lector, que esa sea también vuestra petición y ruego diario. Estad dispuestos a soportar cualquier privación antes que deshonrar aquel bendito nombre con el cual sois llamados, y dar así ocasión al enemigo para blasfemar. Y que el Señor os fortalezca con todo poder, conforme a su glorioso poder, "para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios".

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: Christian Consistency

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura