Atardeceres sobre los montes hebreos

La compasión de Cristo ante la muerte, el pecado y el duelo

El encuentro de Jesús con la viuda de Naín revela el pecado como causa de la muerte y proclama el consuelo de Cristo a los enlutados, con la esperanza de la resurrección y el reencuentro eterno.

¡Oh, que en todas nuestras estaciones de prueba pudiéramos apropiarnos este sentimiento de solidaridad del Príncipe de los que sufren —esa compasión divina, en comparación con la cual la más tierna y mejor simpatía humana es solo como polvo en la balanza! Cualquiera que sean tus presentes experiencias de dolor —pérdida de salud— pérdida de riqueza— la crueldad o traición de amigos en quienes confiabas— recuerda, el Salvador y Simpatizante de Naín sigue siendo el mismo. ¡Él tuvo compasión —y aún tiene compasión! Aquel que detuvo el ataúd aquella noche de verano en los llanos de Jezreel, aún vive, y ama, y sostiene, y se compadece; y seguirá compadeciéndose hasta que la compasión ya no sea necesaria, en un mundo de luz y de amor —de pureza y de paz.

III. Aprendamos de esta, como de otras narraciones semejantes, que EL PECADO ES LA CAUSA DE LA MUERTE. Es el pecado lo que ha provocado ojos llorosos, cortejos fúnebres, corazones viudos y desolados.

Hay una muerte más triste que la muerte del cuerpo —hay una compasión más profunda, que este Salvador de amor siente por las almas perdidas. Él está siempre inclinado sobre su mundo, y señalando a este y a aquel —llevados hacia su tumba espiritual— "muertos en delitos y pecados." Él está en pie, aun ahora, a la puerta de la ciudad celestial, como antaño a la puerta de Naín, llamando a tales: "Despierta, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo." "Yo soy la resurrección y la vida —el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá." Sus ministros, sus embajadores, son llamados a cumplir una misión hacia los muertos —"Me dijo," dijo Ezequiel, "Profetiza sobre estos huesos secos, y diles: ¡Oh huesos secos, oíd la palabra del Señor!" Recuerda, su tiempo de llamar y tu tiempo de despertar pronto habrá pasado. En el poder del gran Restaurador, pues, levántate de tu ataúd de pecado, y anda en novedad de vida —para que cuando la hora de la resurrección te alcance, y junto con los millones sepultados del orbe "oigas la voz del Hijo de Dios," sea con gozo para obedecer el llamado: "Despertad y cantad, los que moráis en el polvo."

IV. La narración que tenemos ante nosotros está llena de CONSUELO PARA LOS PROBADOS Y ENLUTADOS.

"¡NO LLORES!" No pretende, al pronunciar esa palabra, poner un detenimiento cruel a las lágrimas —más bien parece decir con ella— "No derrames lágrimas por equivocación. Si supieras todo el designio y propósito que tengo en esa amarga pena —esa prueba dolorosa— ahuyentarías estas lágrimas. No te hagas suposiciones apresuradas respecto a mis procederes."

Mira la escena aquí descrita. Leemos que los presentes al funeral —la multitud presente de dolientes y espectadores— "glorificaban a Dios." Sí, y si pudiéramos rasgar estos cielos y subir entre los adoradores celestiales —quién sabe si acaso veríamos allí dos formas glorificadas inclinadas sobre los recuerdos de aquella hora de atardecer en Naín —la Viuda y su Hijo— contando, con ojos sin lágrimas, que fue aquella escena de muerte la que los llevó a sus tronos y coronas.

Dios nos dice siempre: "Confía en mí en la oscuridad" —¡habrá aún una revelación de misericordia y de amor en estas pruebas misteriosas! Aquel "No llores" de Naín estaba destinado a llevar su mensaje de consuelo y alivio a los miríados de corazones de todos los tiempos, aplastados por sus penas siempre cambiantes —y más especialmente a los que llevan sus tesoros más queridos a la custodia del sepulcro. Él quiere proclamarnos, aun ahora, que tiene "poder sobre la muerte" —que el Rey de los terrores debe doblegarse al cetro del Rey de reyes. Prepara a toda su Iglesia, en este milagro, para cantar el cántico profético —"¿Oh muerte, dónde está tu aguijón? ¿Oh sepulcro, dónde está tu victoria?" Da al mundo una prenda del llamado que un día se dirigirá a sus millones dormidos —"¡Levantaos!" cuando "todos los que están en los sepulcros oirán su voz y saldrán."

Ni es tampoco, una vez más, sin su sentido inferencial la sencilla afirmación aquí hecha respecto al joven: "Jesús se lo devolvió a su madre." Jesús no se quedó en el mero llamado a la vida; ni en contemplar al joven incorporándose en su ataúd y emitiendo sonidos articulados; sino que lo toma de la mano, y la coloca en la de su madre regocijada. ¡Su primer acto, al levantarlo, es restaurarlo al corazón que lo lloraba, y permitirles reanudar juntos su antigua gozosa comunión.

Es, en verdad, una mera inferencia o reflexión sugerida por el pasaje, pero confirmada por muchas otras referencias bíblicas más decisivas. ¿Podría, sin embargo, llevarnos a abrigar la gozosa y deleitosa esperanza, en la resurrección, de un reencuentro con los que hemos amado; de que esos afectos tiernos, cultivados y santificados en la tierra, solo serán interrumpidos por un tiempo por la muerte, para reanudarse en mundos mejores y más luminosos —donde el dolor de la pérdida, y la orfandad, y la viudez, ya no serán ni sentidos ni temidos! El gran "¡LEVANTAOS!" que ha de sacudir a los muertos dormidos (los que duermen en Jesús) será seguido de reconocimientos personales, reencuentros sagrados —las viejas sonrisas de la tierra iluminando el rostro— la voz, con sus viejos tonos familiares, afinada y preparada para servicios más nobles y cantos más sublimes.

Entretanto, que los enlutados y los afligidos se inclinen con sumisión tranquila y sin murmurar ante la voluntad de Dios —gozándose en la posesión presente de la compasión de Jesús, y mirando hacia adelante, con corazones triunfantes, a aquella mañana sin nubes cuando "el sol" de la prosperidad terrenal "no se pondrá más, ni la luna retirará su luz"— sino cuando (reunidos con los amigos divididos por la muerte, y sin lágrima que nuble sus ojos) "el Señor será su luz eterna, y los días de su luto habrán acabado."

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: WIDOW OF NAIN — Parte 3

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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