«Manteniendo la fe y buena conciencia». 1 Timoteo 1:19
¡La buena conciencia, qué posesión tan inestimable!
Es una conciencia cuyos temores y alarmas han sido aquietados. Ve y conoce a su Salvador. Se regocija de que Él haya cancelado su culpa y la haya puesto en libertad. El tumulto se ha trocado en calma. La negra acusación ha sido borrada por una mano traspasada. Los años dolorosos de destierro han terminado.
Es una conciencia tierna y sensible. Detecta la sombra y apariencia lejana del mal. Retrocede ante el toque contaminador de la cosa perversa. Puede penetrar los disfraces con que el pecado reviste su inmundicia y oculta su verdadero y aborrecible ser.
Es una conciencia eficaz y poderosa. Rige y dirige a todo el hombre. Es su espejo del bien y del mal, su ley interior que le indica el camino por donde debe andar.
Es una conciencia gobernada por el Espíritu Santo. Escucha su susurro más leve. Acoge sus mandamientos, los menores y los mayores. No es su propia guía ni su propio fin; Dios es su todo en todo. Los vínculos que ama y en los que se gloría descansarán sobre ella para siempre, y permanecerán a lo largo del porvenir sin fin.
Señor mío, crea en mí esta conciencia y edúcala cada vez más en aquellas cosas que son verdaderas, honestas, justas, puras, amables y de buen nombre.
Fuente y atribución
Autor original: Alexander Smellie
Título original: The Hour of Silence — 1 Timothy 1:19
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Alexander Smellie, publicado originalmente en Grace Gems.