Porciones diarias

La cruz que exalta la salvación y aborrece el pecado

La vista de Cristo sufriente en la cruz muestra a un tiempo la abominación del pecado y la gloria completa de una salvación que él consumó diciendo: Consumado es.

Cuando, con ojos creyentes, podemos contemplar a Dios el Hijo como la salvación eterna de todos los que el Padre le dio; cuando podemos verle, con el ojo de la fe, descender a este mundo inferior, tomando nuestra naturaleza en unión con su propia Persona divina; cuando, por la fe, podemos acompañar al Varón de dolores al tenebroso huerto de Getsemaní, o contemplarle gimiendo, sangrando y muriendo en la cruz, objeto de ignominia y oprobio, y creer que solo así pudo ser labrada la salvación, ¡oh, qué visión nos da del demérito y la naturaleza espantosa del PECADO, que nada menos que la encarnación del Hijo unigénito de Dios, nada menos que un sacrificio tan tremendo pudo quitar el pecado y traer a los escogidos de vuelta a Dios!

Por una parte, al echar una mirada al Cordero de Dios que sufre y muere, ¡cómo nos muestra la naturaleza espantosa y abominable del pecado!; y, por otra, cuando podemos ver con el ojo de la fe qué obra es esa, por quién fue elaborada y cuán gloriosa y eficaz debe ser la obra que el Hijo de Dios, igual al Padre en gloria y majestad, emprendió y llevó hasta lo sumo, ¡cómo exalta la SALVACIÓN ante nuestros ojos! Así, una vista creyente del Señor Jesús colgado en el árbol de Calvario, no solo nos muestra, por una parte, la naturaleza espantosa del pecado, sino, por otra, cuán plena, cuán completa, cuán gloriosa y cuán eficaz debe ser aquella salvación de la que el Hijo de Dios expirante pudo decir: «¡Consumado es!»

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: September 8

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura