Porciones diarias

La gracia de Cristo con nuestro espíritu renovado

La gracia de Cristo obra en el espíritu renovado, no en la carne, y derrama vida, amor y humildad hasta llevarnos seguros a la eternidad.

Es el aliento regenerador del Señor Jesucristo lo que vivifica el alma para él. Esto se manifiesta por sus propias palabras: «El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado, son espíritu y son vida» (Juan 6:63). Entonces, por primera vez, «la gracia de nuestro Señor Jesucristo está con nuestro espíritu». Observarás que la gracia de nuestro Señor Jesucristo no está con nuestra mente carnal —esa permanece siempre la misma, un cuerpo de pecado y de muerte, carne, carne corrupta, «en la cual no mora el bien», y, por tanto, no la gracia de nuestro Señor Jesucristo—.

Su gracia está con nuestro espíritu, ese «nuevo hombre» del que leemos que «es creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad». Se le llama nuestro «espíritu» porque nace del Espíritu, como el Señor mismo desplegó el solemne misterio a Nicodemo: «Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es». No es una distinción sutil y entresacada, sino una verdad muy importante; pues a menos que veamos la diferencia entre las dos naturalezas, el espíritu y la carne, la ley en los miembros y la ley de la mente, estaremos siempre en servidumbre, buscando santidad en la carne. La gracia de nuestro Señor Jesucristo, estando así con nuestro espíritu, respira de tiempo en tiempo sobre ese espíritu, lo mueve y obra en él y sobre él; pues hay, por así decirlo, una unión graciosa o espiritual entre ambos. Así no podemos vivir sin la gracia del Señor Jesucristo más que la tierra sin el sol. Él ha de brillar, o no tenemos luz; ha de avivar, o no tenemos calor; y ha de fertilizar, o no damos fruto. De ahí que, una y otra vez, salga del alma el deseo sencillo hacia el Señor Jesucristo de que su gracia esté con nuestro espíritu; que esa gracia fluya siempre en nosotros, para hacernos nuevas criaturas, disipar toda duda y temor, quebrar todo vínculo y cadena, llenarnos de amor y humildad, conformarnos a su imagen sufriente, producir en nosotros todo fruto que redunde en su alabanza, estar con nosotros en la vida y en la muerte, y llevarnos sanos y salvos a la eternidad.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: September 7

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura