Pensamientos vespertinos

La disciplina divina prueba que eres hijo amado del pacto

Dios no poda la rama muerta ni mete en el horno la rama falsa; su disciplina saca a luz la gracia que antes implantó, y busca tu mayor felicidad.

La misma disciplina que un Dios del pacto emplea con su hijo prueba la existencia y la realidad de la gracia en el alma. No es la rama muerta la que Él poda, ni la rama falsa la que introduce en el horno. Cuando toma a su hijo en sus manos para tratar con él, es con el fin de sacar a luz la gracia que primero implantó en el alma. La misma prueba de la fe supone la existencia de la fe; y la prueba de cualquier gracia del Espíritu supone la previa morada de esa gracia en el creyente. Nadie va a un pozo seco a sacar agua de él; nadie va a un banco en el que no ha hecho depósito previo a retirar dinero. Cuando Dios, el agricultor espiritual de la iglesia, viene a su huerto y camina entre los árboles de justicia, y en su soberanía marca uno aquí y otro allá para disciplina, para poda, ¿a quiénes selecciona sino a los árboles que Él mismo ha plantado? Jesús declaró que toda planta que su Padre celestial no plantó será desarraigada. ¿Y no hemos visto a menudo el cumplimiento solemne de esta amenaza en el caso de profesores sin gracia? El primer soplo de tentación los ha arrastrado. Dios acaso los ha llevado a profunda prueba, la tormenta de la adversidad cayó sobre ellos, la muerte arrebató al deseo de sus ojos de un golpe, las riquezas tomaron alas y volaron, el carácter fue atacado, las tentaciones los alcanzaron; y ¿cuál fue su fin? Buscamos su religión y se ha ido como el tamo del era ante el huracán; su profesión se desvaneció, sus oraciones se evaporaron en aire vacío. Pero el verdadero hijo del pacto, el Señor lo prueba.

No siempre podemos ver la necesidad de la disciplina; a menudo nos preguntamos por qué tal creyente es tratado de manera tan constante y, en cierto modo, tan severa. Pero ¿qué dice Dios? «Yo, Jehová, escudriño el corazón». Aquí está el secreto revelado; el mal escondido de aquel varón santo de Dios no podíamos descubrirlo nosotros. Las corrupciones poderosas que habitaban en su corazón, que él en parte conocía, lamentaba y confesaba cada día delante del Señor, estaban ocultas a nuestros ojos; y mientras juzgábamos por la apariencia externa, el Señor sondaba y escudriñaba el corazón, y para subyugar el mal que allí descubría, disciplinaba así a su amado hijo.

Creyente afligido, no olvides que a quien el Señor ama, disciplina; y de nuevo declara: «A cuantos amo, los reprendo y castigo». Dale gracias, entonces, por la prueba santificada que te desapega de lo terrenal, que endurece tu corazón contra todo rival de Cristo, y que imparte un impulso ascendente a la fe, la esperanza y el amor. No hay un solo pensamiento desamoroso en el corazón del Dios que ahora te castiga. Es verdad que puede haber cortado todos tus manantiales terrenales, puede haberte conducido al valle profundo de la humillación; pero aun así Él es amor, y nada más que amor. Si pudieras mirar en su corazón, no hallarías un solo manantial ni un solo latido que no hablara de amor hacia ti en este mismo instante. Todo lo que Él busca respecto a ti es tu mayor fruto; y promover tu verdadera santificación es promover tu verdadera felicidad. En todos los tratos de Dios con su pueblo del pacto, busca su mayor bien y su felicidad más alta, y en nada lo muestra con tanta claridad como en el intenso amor que habita en su corazón hacia ellos.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - August 7

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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