El propósito de la disciplina

La disciplina que nos hace partícipes de su santidad

Las pruebas prueban la fe y nos hacen partícipes de la santidad de Dios, descubriéndonos el valor de sus preciosas promesas y la bendición de haber sido afligidos.

El apóstol Pedro, al consolar a los santos dispersos, les explica este propósito de su disciplina: «Si es necesario, puede que hayan tenido que sufrir aflicción en toda clase de pruebas. Estas han venido para que vuestra fe — de mayor valor que el oro, que perece aunque sea refinado por fuego — sea probada como genuina y resulte en alabanza, gloria y honor cuando Jesucristo sea manifestado».

No hay expresión en la Palabra de Dios mejor adaptada para reconciliar al cristiano con las pruebas, que la del Apóstol: «El Señor nos disciplina para nuestro provecho — para que seamos partícipes de su santidad». ¡Qué palabras son estas! Esta es la cumbre misma de vuestros deseos. Esto es por lo que habéis estado trabajando, y anhelando. Esto es lo que habéis implorado con fervor — ¿y ahora estáis listos para retroceder ante los mismos medios por los cuales vuestro Padre celestial está a punto de promover vuestra santificación? ¿Seréis llevados a renunciar a este designio de Dios para vuestro bien? No, es por estas mismas pruebas que vuestras gracias han de ser fortalecidas.

Las verdades más valiosas del cristiano son «las grandísimas y preciosas promesas». Él no siente la necesidad de estas promesas mientras se entrega a aquella complacencia consigo mismo que suele acompañar a la prosperidad. Al escribir estas líneas, se dice deliberadamente — que ningún hombre puede valorar plenamente la salud, si no ha estado enfermo; ni apreciar los servicios del médico amable y hábil, hasta que ha sido sanado por él. Y así también, ningún hombre puede estimar plenamente ni comprender plenamente las promesas de las Escrituras — hasta que se hacen necesarias para su sostén en la adversidad.

Muchas de las porciones más preciosas de la revelación son del todo letra muerta para aquellos que nunca han sido ejercitados por las pruebas a las cuales se refieren. El creyente que se halla en sufrimientos o estrecheces de cualquier clase, viene a Dios por la oración; y al intentar orar, busca alguna promesa adecuada a sus necesidades precisas. ¡Bendito sea Dios! No necesita buscar mucho — tan ricos son los tesoros de la Palabra. Estas promesas que él toma son la misma verdad de Dios; él las presenta ante el trono de la gracia; las cree, se apoya en ellas, se regocija en ellas. Si probáis la dulzura de sus promesas — entonces cada uno de vosotros dirá con David: «¡Es bueno para mí que haya sido afligido!».

Es común oír a aquellos que ignoran las Escrituras murmurar contra la representación de Job como un hombre de eminente paciencia. Vemos a Job sufriendo en un solo día — la pérdida total de una inmensa riqueza, y de diez hijos amados, y aun diciendo: «El Señor dio, y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor».

Fuente y atribución

Autor original: James W. Alexander

Título original: Uses of Chastisement — parte 2

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James W. Alexander, publicado originalmente en Grace Gems.

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