La soledad endulzada

La dulce seguridad del favor de Dios

Mediante la fe que purifica el corazón y el propósito inmutable de Dios, el creyente halla firme seguridad de su salvación eterna, unida para siempre a la felicidad de Cristo.

¿No deberían enseñarme sabiduría las locuras del mundo? El mundano provee para el tiempo, ¿y no proveeré yo para la eternidad? Pero, ¿cómo aseguraré una felicidad sin fin y conoceré mi interés salvador en el amor inmutable de Dios?

Pues bien, ¿no puedo, en el lenguaje de la fe, razonarme hasta un firme convencimiento de la bienaventuranza eterna, y sin ilusión fortalecerme contra los ataques del pecado y los asaltos de la incredulidad? ¿No ha venido Cristo a buscar y salvar a los perdidos? ¿Y no estoy yo entre ese número, dispuesto a ser buscado y salvado? ¿No es el llamamiento para todos los hijos de los hombres sin excepción? ¿Por qué, pues, no obedecerlo sin contradicción? ¿No se me manda creer y ser salvo? Entonces, ¿nunca he creído hasta ahora, o estoy resuelto a no creer jamás? ¡No! «Señor, creo; ayuda mi incredulidad.»

Además, ¿tiene mi fe las marcas de la verdadera fe? ¿Es una fe que purifica el corazón y aspira a la santidad en la vida? ¿He aceptado a Cristo en sus propios términos, como Salvador entero y completo? Entonces la verdadera fe jamás puede ser defraudada, ni el verdadero creyente caer definitivamente, pues «la fe es don de Dios», y «los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables».

Ahora, desde el pie de la escala asciendo y subo los sagrados escalones hasta llegar al trono de Dios, y leer los secretos de la eternidad, los registros del amor redentor.

Así, si mi carga cotidiana es el pecado que mora en mí, y si lucho contra el tirano que ruge en mi seno, esto es señal de la nueva naturaleza; pues la luz y las tinieblas no pueden morar juntas en perfecta paz, pero las tinieblas y las tinieblas no luchan entre sí. Ahora bien, ¿no dice esto que estoy en parte santificado; y si santificado, que soy justificado; y si justificado, que soy predestinado; y si predestinado, que yo por nombre soy conocido de antemano en el decreto de la elección? ¿No estoy, pues, tan seguro de la salvación como si ya estuviera en el cielo? ¿Puede el propósito de Dios ser anulado? ¿Puede la fidelidad de Dios fallar?

Puedo dudar y estar de nuevo en tinieblas respecto a la claridad de mi derecho, pero él jamás se negará a sí mismo. El cielo y la tierra pueden, sí, pasarán, pero sus propósitos de amor y sus promesas de gracia permanecerán. ¿No puedo confiar en Dios en el tiempo para la consumación de mi prometida felicidad cuando el tiempo ya no sea, así como confío en él para la continuación de mi consumada felicidad en el cielo por toda la eternidad? ¿Pueden los tiempos y las fechas, los períodos y las eras, hacer algún cambio en Dios? ¡No! Todo es eternidad con el inmutable Jehová; el «tiempo que vuela» sólo atañe a las criaturas frágiles y mortales, cual yo soy. Si, pues, tengo ahora un interés en su amor, lo tendré para siempre; pues aunque la muerte desgarre mi alma y mi cuerpo, no tocará mi estado ni me separará de su amor. Ahora, ¿qué más querría la fe, o aun los sentidos?

Pero hay otra seguridad añadida a mi bienaventuranza eterna; pues soy elegido «en el Amado.» Ahora, el cielo y la eternidad parecerían extraños a los creyentes si su mejor Amigo no estuviera allí; y vacíos a Cristo, si su costosa compra no estuviera allí. Sí, mi felicidad está, por así decirlo, unida a la felicidad de Cristo. Ahora bien, el Hijo está eternamente unido a la naturaleza humana como Mediador; y no hay discordia entre las naturalezas humana y divina en la persona del Hijo. Habiendo, pues, una sagrada unidad entre la gloriosa Cabeza y todos sus miembros, hay también una comunión de felicidad entre ellos; de modo que la gloria que el Padre da a Cristo, la da a sus discípulos, y en el mismo gozo de su Señor entran todos sus seguidores. Por tanto, en y con un Jesús exaltado y glorificado, seré eternamente bienaventurado. Ahora, a menos que tema que el «Cristo místico» pueda ser dividido, los atributos divinos puestos en discordia, el pacto de gracia anulado y los decretos eternos quebrantados, puedo descansar en la más dulce seguridad del favor divino, a pesar de todas las tempestades que la tierra y el infierno, el pecado y la incredulidad, puedan levantar!

Fuente y atribución

Autor original: James Meikle

Título original: ASSURANCE

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.

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