La soledad endulzada

Por qué tus pensamientos deben ir más allá de la muerte

Quien no se atreve a mirar más allá de la muerte vive encerrado y miserable; la fe en Cristo ensancha el alma hacia la eternidad y llena el presente de sereno gozo.

¿Envidiaría alguno la situación de aquel a quien se tuviera por sumamente feliz, encerrado en un jardín hermoseado, cierto, con todas las variedades de la naturaleza y adornado con todos los ornamentos del arte, si sus muros se alzaran hasta el cielo, de modo que no pudiera echar una mirada más allá de ellos, sino que hubiera de permanecer extraño a todo el mundo, salvo a su propia familia, sin que se le concediera una sola mirada a las amplias llanuras que lo bordean, los bosques umbrosos y los arroyos murmurantes, los océanos poderosos y los reinos magníficos esparcidos sobre la faz del globo; y así no pudiera ni exultar en la felicidad ni compadecer la aflicción de tribu alguna de hombres? Sin embargo, este hombre sería mucho más feliz —pues aquí podría acordarse de su postrimería— que aquel que no se atreve a mirar más allá de la muerte, que no quiere pensar en un mundo venidero.

¡Cuán encerrado está quien sólo puede reflexionar en las pocas escenas pasadas, o revolver en su mente las que se esperan durante una vida presente pero transitoria! ¡Cuán estrechos son sus conocidos, aun siendo rey, quien sólo conoce y es conocido entre los perecederos hijos del polvo, pero nunca deja que sus pensamientos penetren en el mundo de los espíritus ni se eleven al glorioso Padre! Tal hombre, sea lo que sea en este mundo, ha de ser llorado, no imitado; compadecido, no envidiado.

Si las cosas del tiempo ponen un límite a mis meditaciones, soy de todos los meditadores el más miserable; pero si puedo traspasar las sombras de la muerte mediante una fe fundada en Cristo, y elevarme a la amplia luz del día de la eternidad, para respirar allí como en un aire nativo, entonces todo pensamiento triunfa y toda mi alma está gozosa y serena; pues así puedo sonreír ante el rostro de la ruina inminente, sabiendo que mi tesoro está guardado en el cielo. Así puedo, sin turbarme, resistir el derrocamiento de tronos, asegurado de que el trono de Dios mi Salvador está establecido desde la antigüedad y permanece firme para siempre. Así puedo gustar adelantos de la bienaventuranza eterna y del banquete de arriba.

Ahora bien, mi estado ha de ser o así de feliz, o de un extremo tan terrible que, cuando miro hacia la muerte, me turbo; hacia el juicio, me aterro; hacia Dios, tiemblo; y hacia la eternidad, me pierdo en angustia y dolor. ¡Pero condición feliz! si puedo mirar este mundo como mi peregrinación y mi prisión, y la muerte como la puerta por la cual entraré en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Y si aun ahora, meditando en el ejercicio que ocupa a la iglesia de los primogénitos, la comunión divina a que son admitidos, las bienaventuranzas que gozan y las glorias que contemplan, familiarizo el mundo invisible a mi alma y contraigo amistad en la eternidad misma.

Fuente y atribución

Autor original: James Meikle

Título original: Our meditations cramped, unless stretched beyond death

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.

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