Fuerza y belleza

La dulce voluntad de Dios

Hacer la voluntad de Dios no es ante todo cargar cruces amargas, sino una obediencia alegre y cotidiana que trae gozo al corazón.

"Te adoro, dulce voluntad de Dios,

y todos tus caminos adoro;

y cada día que vivo, veo

que te amo más y más."

"Amo besar cada huella donde tú

has posado tus pies invisibles.

No puedo temerte, voluntad bendita,

tu imperio es tan dulce."

"No tengo afanes, oh voluntad bendita,

pues todos mis afanes son tuyos;

vivo en triunfo, Señor, porque tú

has hecho tu triunfo mío."

F. W. Faber

"No mi voluntad—sino que se haga tu voluntad"

No todo cristiano parece capaz de entrar en la adoración de Faber a la voluntad de Dios. Muchas personas piadosas piensan siempre en esta voluntad—como en algo doloroso, algo duro y amargo. Cuando dicen, en la petición del Padrenuestro, "Hágase tu voluntad", ponen un estremecimiento en las palabras, ¡como si un arado atravesara su propio corazón! Han aprendido a pensar que la voluntad de Dios significa siempre—una pena, la muerte de un ser querido, la pérdida de bienes, el soportar alguna dura prueba. Las palabras les sugieren siempre alguna clase de cruz dolorosa.

Pero esta es una interpretación errónea de la oración. Sin duda hay momentos en que debe haber una lucha entre nuestra voluntad y la de Dios, y en que nos cuesta mucho ceder. Pero este no es el significado exclusivo ni siquiera ordinario de la petición. Ante todo, es una oración, no por el sufrimiento—sino por el hacer activo de la voluntad de Dios. Este es claramente el significado de la petición en la forma de palabras que nuestro Señor dio a sus discípulos. Es una oración para que la voluntad de Dios se convierta en la ley de nuestra vida, para que aprendamos a hacerla siempre. Esto abarca todas las obediencias, todos los deberes, toda nuestra vida común. Incluye todas las dulces y felices experiencias que tenemos en nuestros hogares y entre nuestros amigos, todo el gozo del amor, todos los placeres de las relaciones sociales. Es una oración para que, en todas las condiciones y circunstancias variadas de la vida—hagamos las cosas que agraden a Dios.

No hay nada en esto que sea doloroso o difícil. Hay un secreto de dulcísimo gozo—que se encuentra siempre en el hacer la voluntad de Dios. Trae la aprobación de la conciencia—el pájaro que canta en el corazón cuando uno hace lo recto. Luego nos asegura la commendación y la compañía de Dios. Fue el mismo Jesús quien dijo: "El Padre no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada." Se encuentra gran gozo en el hacer la voluntad de Dios. En lugar de significar algo amargo y doloroso—significa el hacer de cosas que deberían ser fáciles y agradables.

El estándar que se nos fija en la oración, tal como nuestro Señor nos la ha dado, indica de manera muy clara y notable que es una cosa gozosa a la cual somos convocados. Se nos enseña a orar para que la voluntad divina se haga en la tierra—como se hace en el cielo. ¿Cómo se hace la voluntad de Dios en el cielo? Ciertamente no significa allí dolor, pérdida, padecimiento, sacrificio. Los habitantes del cielo nunca son llamados a estar junto a hijos moribundos o junto a tumbas recién abiertas, a entregar de sus manos los tesoros de amor que estiman más que la vida.

No hay experiencias difíciles que atravesar; no hay duras luchas que soportar en aquella tierra feliz. No hay Getsemaníes en el cielo, donde entre fuerte clamor y lágrimas—el hijo de Dios deba yacer y agonizar mientras acepta el cáliz que el Padre pone en su mano. Allí la voluntad de Dios es siempre gozosa—y el hacerla trae siempre deleite. Los ángeles vuelan velozes en los recados en que son enviados, haciendo con igual prontitud la cosa más grandiosa y los ministerios más pequeños.

Así es siempre en el cielo—la voluntad de Dios se hace siempre con gozo. Consiste en actividades felices, en servicios gozosos. Es este estándar celestial el que se fija para nuestra vida terrenal. La voluntad de Dios, tal como se hace allí, es siempre dulce—es siempre un gozo hacerla. Evidentemente, por tanto, el pensamiento en la mente de nuestro Señor, cuando dio esta oración a sus discípulos, no era primariamente el sufrir y el soportar la voluntad de Dios—sino la obediencia gozosa de la vida común.

Es cierto, esto no siempre es fácil. Nuestros corazones no nos inclinan naturalmente a la voluntad y a los caminos de Dios. Somos propensos a extraviarnos de los mandamientos divinos. No es hasta que tenemos un corazón nuevo—que empezamos a desear hacer la voluntad de Dios.

Un niño estaba muy perplejo por el pensamiento de que el cielo estaba tan lejos, y se preguntaba cómo alguien en este mundo podría llegar allí. Su sabia madre le dijo: "El cielo debe bajar a ti—el cielo debe entrar primero en tu corazón." Esto explica todo el misterio del hacer la voluntad de Dios en la tierra como se hace en el cielo. La vida celestial debe descender primero a nosotros, a nuestro corazón; o de lo contrario nunca podremos entrar en el cielo. Cuando tenemos el cielo en nosotros—empezamos a crecer a la semejanza de Dios, esforzándonos por hacer la voluntad de Dios. Aun entonces, sin embargo, no se vuelve al instante fácil para nosotros. Toma toda la vida entrenar y disciplinar nuestra voluntad, hasta una obediencia feliz y gozosa.

Aun así, y siempre, esta es la lección que se nos fija—el hacer la voluntad de Dios en la tierra, como se hace en el cielo, como nosotros mismos la haremos en el cielo cuando lleguemos a aquel hogar feliz. Si tu corazón está lleno de amor por Cristo—el hacer la voluntad de Dios será siempre dulce, aunque sea contra la naturaleza y a costa de mucha negación de sí mismo. Se ha dicho con mucha verdad: "El mundo exterior toma todo su color, valor y gracia—del tipo de mundo que uno lleva en sí mismo." El cielo en nosotros—hará de las tareas más difíciles un deleite.

Sin duda aun los ángeles tienen recados y tareas que se les encomiendan, que en sí mismos serían difíciles—pero que se vuelven fáciles, un deleite, porque son aceptados como partes de la voluntad de Dios para ellos. Este es el gran secreto del gozo en el servicio. Todo lo que es la voluntad de Dios para nosotros—debería ser para nosotros motivo de gozo el hacerlo. Si amamos profundamente a Dios, todo lo que él quiere que hagamos es para nosotros un gozo hacerlo. Si no amamos a Dios—entonces aun los deberes más comunes y sencillos que su voluntad requiere son para nosotros tareas duras y lúgubres.

Aunque primariamente es el hacer activo de la voluntad de Dios a lo que somos llamados, a veces somos llevados por el camino del sufrimiento y el sacrificio. Así fue en la propia experiencia de Cristo. Él hacía siempre la voluntad del Padre—pero al final esa voluntad cargó sobre él el peso de la Cruz. Jesús dijo que si queremos ser sus seguidores—debemos tomar nuestra cruz y llevarla tras él. En algún momento de toda vida, la voluntad de Dios significa una cruz. Somos llamados a renunciar a los tesoros más queridos de la tierra, o a apartarnos de empresas en las que han ido todas las ambiciones de nuestra vida, o a aceptar el sufrimiento y el dolor como nuestra parte, en lugar del gozo, la salud y la actividad.

¿Cómo podemos hacer dulce la voluntad de Dios en estos casos? Solo hay una respuesta—debemos amar tanto a Dios, que siempre encontremos gozo en cualquier servicio que él pueda requerir de nosotros. La manera de quitar la amargura de cualquier experiencia difícil es aquiescer en ella, cesar de luchar y resistir, y llevar nuestra voluntad a una quieta conformidad con la de Dios. Siempre que no logremos someternos así—nos hacemos una cruz a nosotros mismos, y el brillo de la tierra se torna gris.

Pero cuando hundimos nuestra voluntad en la de Dios, seguros de su mejor sabiduría y dirección más segura, y de su amor perfecto—aun las cosas más dolorosas tienen en ellas secretos de gozo, a medida que la voluntad de Dios se vuelve dulce para nosotros.

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: Sweet Will of God

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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