Pensamientos vespertinos

La fe que se vacía de sí para abrazar a Cristo

La fe verdadera viaja a Cristo con las manos vacías y se funda en su justicia y su sangre; quien edifica sobre su deidad queda a salvo para siempre.

La fe del hijo de Dios se funda en la justicia del Mediador Dios-hombre, esa justicia que es de Dios por la fe. No sin razón se la ha llamado la gracia del pobre, porque viene a Jesús con las manos vacías: viaja a Cristo en pobreza y en andrajos, en necesidad y en dolor. Es la gracia de quien, sintiendo la peste interior del pecado y rechazando todo mérito humano, se presenta a la puerta de la misericordia, pobre en espíritu, llamando con humildad, suplicando con insistencia y recibiendo libremente, como pensionado, la bendición de la gracia soberana.

¡Cuán gloriosa aparece a sus ojos la justicia del Dios encarnado, y cuán preciosa la sangre expiatoria de Jesús! Que el hombre se aferre a esta fe, y será salvo. Y ser salvo: ¡cómo la eternidad prolongará el cántico creciente! «Salvo, salvo para siempre; el primero de los pecadores, el más indigno de los santos, y sin embargo, por la gracia, salvo para siempre». Ante la gloria de esta salvación se desvanecen la grandeza y el sentido de todo lo demás. Edifiquemos, pues, sobre Cristo: su deidad encarnada, su obediencia, su muerte vicaria. Quien edifica su fe quedándose corto de la deidad construye sobre arena traicionera; mas nosotros queremos Deidad que se encarne, que obedezca, que expíe, que justifique, que sostenga, que consuele y que nos lleve al fin a la morada gloriosa para habitar entre sus esplendores para siempre.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - January 8

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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