La misma palabra "confirmar" implica que las almas de los discípulos de Cristo necesitan fortalecimiento. Si no hubiera tentaciones que probaran, ni dolores agudos que afligieran, ni aflicciones dolorosas que angustiaran; o si, por otro lado, no hubiera debilidad sensible del alma, ni abatimiento del corazón, ni desaliento del espíritu, ni ceder de la fe y la esperanza, ni duda ni temor en la mente, ¿cómo podrían ser fortalecidas las almas de los discípulos? Las almas del pueblo de Dios no están hechas de hierro colado, contra el cual se dispare flecha tras flecha sin dejar mella ni impresión. Los corazones del pueblo del Señor están, en cierta medida, conformados al corazón de Cristo. ¿Y cuál fue su corazón? "Mi corazón", dice Él, "es como cera; se derrite en medio de mis entrañas".
Y así el pueblo del Señor, que lleva en su seno corazones quebrantados y espíritus contritos, hechos tales por la gracia, se hunden a menudo, son sacudidos a menudo, abatidos a menudo por las muchas pruebas que han de afrontar. Es por esta razón que necesitan ser confirmados, sostenidos, fortalecidos, y que el Señor mismo ponga sus brazos eternos debajo de ellos, los levante a su seno y haga su fuerza perfecta en su debilidad.
¿Y no es este el camino del evangelio? ¿Puedo yo, a fuerza de esfuerzo humano, ceñir mi alma hasta cierto punto? Si viene la prueba, ¿he de ser, como un paciente a veces bajo el agudo bisturí del cirujano, a tensar mis nervios para soportar la operación con más firmeza? Esto es naturaleza, carne, razón; no gracia. El Señor no exige esto de su pueblo. No obró así con su amado apóstol, según el relato que él da en 2 Corintios 12. ¿Qué habló el Señor en su corazón, bajo prueba y tentación, para que lo proclamara sobre los muros de Sion a la Iglesia del Dios viviente? "Mi gracia te es suficiente; porque mi poder se perfecciona en la debilidad". Por eso añade: "De buena gana, pues, me gloriaré más bien en mis debilidades, para que habite en mí el poder de Cristo". Pero es muy doloroso para el pueblo del Señor no hallar fuerza cuando más la necesita, ni fe cuando tiene la mayor necesidad de ella, ni ayuda cuando más se requiere. Pasar por esta experiencia desconcierta y desorienta a muchos de la familia viviente; pero cuando el Señor se complace, de manera misteriosa, en comunicar su propia fuerza y hacerla perfecta en la debilidad; cuando trata con ellos como con los valientes de antaño, que "de la debilidad salieron fortalecidos", entonces pueden bendecir al Señor aun por su propia debilidad y, como Pablo, gloriarse en sus flaquezas, porque el poder de Cristo reposa sobre ellos.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: January 4
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.