“¡Él tomará estos nuestros cuerpos viles y los transformará en cuerpos gloriosos semejantes al suyo!” Filipenses 3:21
Nuestros cuerpos compartieron la ruina a la que el pecado condujo a nuestra raza. La mortalidad y la corrupción se apoderaron de ellos. Quedaron sujetos al cansancio, al dolor y a la enfermedad, en cada órgano y en cada miembro.
La única gota de veneno proveniente del pecado de Adán se ha extendido y penetrado en cada parte de nosotros. Toda la cabeza está enferma, y todo el corazón desfallece.
Comenzamos con dolor, y con dolor terminamos.
Nuestra carne, desde la cuna hasta la tumba, es débil, quebrantada, lista para desfallecer; causa y puerta de mil tristezas. Es en verdad un cuerpo frágil, en el cual gemimos, cargados de peso; un cuerpo vil, que necesita tanto cuidado perpetuo, alimento, medicina y descanso, y que, sin embargo, después de todo, no puede ser conservado; que, a pesar de todos nuestros mimos, se apresura hacia el lecho de enfermedad y hacia la separación de su huésped, el alma.
Pero mirad más allá de la tumba y contemplad la gloria.
¡Esta cabeza no dolerá más! ¡Estas manos y estos pies no se cansarán más! ¡Esta carne no latirá de angustia nunca más! Dios mismo enjugará toda lágrima de estos ojos, y ya no habrá más muerte, ni dolor, ni llanto.
“¡Él tomará estos nuestros cuerpos viles y los transformará en cuerpos gloriosos semejantes al suyo!” Filipenses 3:21
“Porque es necesario que estos nuestros cuerpos terrenales y corruptibles se transformen en cuerpos celestiales que nunca morirán.” 1 Corintios 15:53
Fuente y atribución
Autor original: Horatius Bonar
Título original: These vile bodies of ours!
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Horatius Bonar, publicado originalmente en Grace Gems.