Consuelo para peregrinos

Mientras más se humilló Cristo por nosotros más amado debe sernos

Los pensamientos del Cristo crucificado deben ser nuestro alimento y consuelo. Sus heridas, su corona de espinas y su cruz revelan cuánto sufrió por su pueblo, y cuán caro nos es.

"Que los pensamientos de un Cristo crucificado", dice uno, "nunca estén fuera de tu mente; que sean para ti comida y bebida, que sean tu dulzura y tu consuelo, tu miel y tu deseo, tu lectura y tu meditación."

¡Ah! Recuerda esto: Sus heridas fueron profundas, Su carga pesada, Su copa amarga, Su sufrimiento doloroso, Su agonía y tormento sobre toda concepción, más allá de toda expresión.

Aquella bendita cabeza suya fue coronada de espinas.

Aquellos ojos suyos, más puros que el sol, fueron apagados por las tinieblas de la muerte.

Aquellos oídos suyos, que ahora no oyen sino aleluyas, fueron llenos con las blasfemias de la multitud.

Aquel rostro bendito y hermoso suyo, más hermoso que los hijos de los hombres, fue escupido por viles y sucios malvados.

Aquella boca y lengua llenas de gracia, que hablaron como nunca hombre alguno habló, fueron calumniadas y acusadas de blasfemia.

Aquellos manos suyas, que sanaban a los enfermos, que otorgaban perdones, que movían cetro en el cielo, fueron clavadas a la cruz.

Aquellos pies, que trajeron al mundo las nuevas albricias de paz y salvación, fueron también clavados a la cruz.

¡Todas estas grandes y tristes cosas sufrió Jesucristo por su pueblo! ¡Oh! Cuanto más vil se hizo Cristo por nosotros, más caro debiera sernos Él.

Fuente y atribución

Autor original: Thomas Brooks

Título original: The more vile Christ made Himself for us

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Thomas Brooks, publicado originalmente en Grace Gems.

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