Palabras diarias para los peregrinos de Sion

La gota de aceite que nadie puede apagar

Una sola gota de la divina unción que Dios deposita en el alma del creyente es armadura invencible contra el pecado, el mundo, Satanás y cuanto intenta apagarla.

Todos los poderes de la tierra y del infierno se confabulan contra esta santa unción, con la cual los hijos de Dios son tan abundantemente favorecidos. Pero si Dios ha guardado en el seno de un santo una sola gota de esta divina unción, esa gota es una armadura contra todos los asaltos del pecado, todos los ataques de Satanás, toda la enemistad del yo y todos los encantos, placeres y diversiones del mundo. Olas y billones de aflicción pueden pasar sobre el alma, pero no pueden lavar esa santa gota de aceite de unción. Satanás puede disparar mil dardos de fuego para inflamar todo el material combustible de nuestra mente carnal, pero ninguno de sus dardos puede quemar aquella gota de aceite que Dios ha depositado en lo profundo de un espíritu quebrantado. El mundo, con todos sus encantos y placeres y su oposición mortal a la verdad de Dios, puede levantar olas de impiedad contra esta santa unción, pero todos los poderes de la tierra juntos jamás podrán extinguir aquella gota que Dios mismo ha alojado en lo profundo del corazón de un creyente.

Jonás la tenía guardada en lo profundo de su alma cuando estaba en el vientre del pez, pero ni todas las olas que pasaron sobre su cabeza, ni aun las profundidades del infierno mismo en cuyo seno sentía hallarse, pudieron lavar aquella gota de aceite de unción que Dios había depositado en su alma. David se hundió profundamente en el pecado y el remordimiento, pero todo su pecado y miseria nunca agotaron aquella gota de unción que el Espíritu de Dios había derramado en su corazón. El hijo pródigo se marcha a una tierra lejana, pero nunca pierde aquella gota de unción, aunque desperdicie su hacienda en una vida disoluta. Hemán se queja desde lo profundo de su aflicción, pero todas sus angustias nunca bebieron aquella santa unción que Dios había puesto en su alma. Ezequías, en su lecho de muerte aparente, vuelto el rostro a la pared, fue severamente probado y casi en desesperanza, pero toda su aflicción y desaliento nunca drenaron la santa gota de aceite de unción.

Y así ha sido con miles y decenas de miles de los queridos santos de Dios. Ni todos sus dolores, y digo más, ni todos sus pecados, deslices, caídas, miserias y degradaciones, juntos, han logrado jamás agotar la unción que Dios les ha conferido. Si el pecado hubiera podido hacerlo, nos habríamos condenado al infierno hace mucho; y si el mundo o Satanás hubieran podido destruirla o destruirnos, ya lo habrían hecho. Si nuestra mente carnal hubiera podido, nos habría arrastrado a torrentes de perdición. Pero la unción permanece firme y no puede ser destruida; y donde una vez se aloja en el alma, está segura contra todos los asaltos de la tierra, el pecado y el infierno. Los santos de Dios sienten que permanece, pues brota a veces en oración y deseos del Dios vivo, y se manifiesta en fe, esperanza y amor. Así no solo permanece como una realidad divina, sino como un principio viviente que brota hacia vida eterna. Si no fuera así, no habría avivamientos, ni nuevas comunicaciones, ni testimonios renovados, ni efusiones, ni tiernos quebrantamientos, ni anhelos de la presencia del Señor, ni lamentos por su ausencia. Pero la unción permanece, y esto preserva al alma de la muerte y la mantiene viva en medio del hambre.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: September 21

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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